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¿Qué es?

La diabetes es una enfermedad muy común, que afecta al 6% de la población. La frecuencia aumenta con la edad, de modo que por encima de los setenta años la padecen el 15% o más de las personas. La importancia de la diabetes estriba en que, si no está suficientemente controlada, puede dar lugar a frecuentes complicaciones, especialmente de tipo circulatorio y neurológico.

¿Cómo se produce?

La diabetes puede ser debida a la falta de secreción de insulina por parte del páncreas y/o a la disminución de su efecto. Dado que esta hormona tiene la misión de transformar en energía los hidratos de carbono de los alimentos, su defecto origina un aumento del azúcar en la sangre.

Formas de la Diabetes

La elevación anormal de azúcar en la sangre puede ser originada por causas diversas. Las formas más frecuentes de diabetes son: tipo 1 y tipo 2. 

***Diabetes tipo 1: Suele empezar en la infancia y/o la adolescencia pero no es excepcional en otras edades. Es debida a la destrucción de las células del páncreas productoras de insulina que origina un déficit absoluto de la misma, por lo que es imprescindible administrar insulina desde el comienzo. La diabetes tipo 1 acostumbra a presentarse de forma brusca con aumento llamativo de la sed y de la cantidad de orina, cansancio y pérdida de peso. A menudo aparece de forma aislada, pero en ocasiones existen antecedentes en la familia.

***Diabetes tipo 2: Suele ocurrir en edades más avanzadas y es unas diez veces más frecuente que la anterior. Se caracteriza por la asociación de un déficit parcial en la producción de insulina junto con un aprovechamiento inadecuado de la misma. La alimentación reglada y el ejercicio son la base del tratamiento. Según qué defecto predomine pueden precisarse además comprimidos, insulina ambos. La diabetes tipo 2 da lugar a síntomas generalmente menos evidentes que la anterior y a menudo, no da ningún tipo de molestia, pasando desapercibida durante mucho tiempo. Es frecuente que otras personas en la misma familia también la padezcan.

¿Cómo se diagnostica?

Un análisis de sangre practicado en el laboratorio, midiendo el nivel de la glucosa en ayunas, es suficiente para el diagnóstico. La diabetes se confirma cuando esta cifra es igual o superior a 126 mg/dl en dos ocasiones. Cuando la cifra está entre 110 y 125 mg/dl se dice que tiene una glucosa anormal. Por debajo de 109 mg/dl se considera normal.

El autoanálisis implica de manera activa a los pacientes en el proceso terapéutico, y les permite realizar ajustes en la alimentación, el ejercicio y la medicación a fin de alcanzar los objetivos. Es, así pues, una herramienta útil para comprobar la efectividad del tratamiento. Aunque los controles frecuentes están especialmente indicados en los pacientes con insulinoterapia y en los que tienen niveles de glucemia fuera de los objetivos, los autoanálisis también son útiles para los pacientes que se encuentran en las primeras etapas de la diabetes tipo 2, durante las cuales son tratados con dieta y actividad física, ya que, además de estimular la adquisición de esos hábitos saludables, permiten detectar el posible empeoramiento de la enfermedad y la necesidad de tratamiento farmacológico. Fundamentos científicos La automonitorización forma parte de los hábitos que muchos pacientes con diabetes mellitus han de adquirir, y el hecho de cumplir una parte del tratamiento como es la dieta y el ejercicio no exime de realizar los autocontroles, si éstos son necesarios. Por ejemplo, un paciente con diabetes mellitus tipo 1 en tratamiento insulínico intensivo, aunque controle muy bien las raciones de hidratos de carbono que ingiere y realice actividad física, siempre necesitará conocer su glucemia preprandial para decidir la dosis de insulina que se administra. En cambio, otro paciente con diabetes mellitus tipo 2 con sobrepeso que sigue un tratamiento con dieta, ejercicio y metformina, mantiene de forma estable una HbA1c de 6% y obtiene resultados en los controles siempre dentro de los objetivos, probablemente podrá prescindir de realizar autocontroles diarios.

Existen dos determinaciones en sangre que ofrecen información sobre el control de la diabetes: una de ellas es el nivel de HbA1C, que equivale al nivel promedio de la glucemia en los últimos 3 meses; la otra es el autocontrol de la glucemia, que informa del nivel de glucemia en distintos momentos del día. La determinación de HbA1c debería realizarse entre dos y cuatro veces al año. Los autocontroles de glucemia los establece el médico, y variarán en función del tratamiento antidiabético, del nivel de control de la enfermedad, de los hábitos alimentarios, de la realización de ejercicio, etc. Teniendo en cuenta el tratamiento farmacológico, podría recomendarse la siguiente frecuencia: • Si se padece diabetes tipo 2 y se toman sólo medicamentos antidiabéticos orales, se hace dieta y ejercicio, una vez al día. • Si se sufre diabetes tipo 2 y se emplea insulina además de fármacos antidiabéticos orales, de tres a seis veces al día. • Si se tiene diabetes tipo 1 y se utiliza insulina, seis veces al día, y si existe riesgo de hipoglucemia nocturna, otra vez de madrugada. Fundamentos científicos Los principales parámetros analíticos que permiten conocer el grado de control metabólico de la diabetes son la HbA1C y la automonitorización de la glucemia capilar. La HbA1c informa del control metabólico durante los 2-3 meses previos a la determinación. El objetivo es mantenerla <7%. La frecuencia de su determinación dependerá de la situación individual de cada paciente a juicio de su médico responsable; en pacientes estables y bien controlados pueden ser suficientes dos determinaciones al año. La frecuencia de la automonitorización de la glucemia capilar dependerá del tipo de diabetes y del tratamiento del paciente. Los pacientes con diabetes mellitus tipo 1 en tratamiento intensivo precisan como mínimo tres determinaciones al día, pues necesitan conocer la glucemia preprandial para decidir la dosis de insulina rápida que se administran, y pueden llegar a necesitar seis o siete determinaciones al día si se encuentran en una situación más inestable o si, por ejemplo, están evaluando un cambio de tratamiento insulínico. En los pacientes con diabetes mellitus tipo 2 el número de autocontroles no está bien definido. Si utilizan insulina en régimen convencional (por ejemplo, dos dosis de NPH), suelen requerir unos tres controles diarios. La indicación y la frecuencia óptima de los autocontroles en los pacientes tratados con fármacos orales o dieta sola no están claras. Es razonable que los pacientes en tratamiento con secretagogos de insulina dispongan siempre de un glucómetro, entre otras cosas, para poder detectar las posibles hipoglucemias. En general, la automonitorización en pacientes tratados con fármacos orales o dieta debería realizarse con la frecuencia que el médico responsable estime oportuna para ayudar a obtener un control óptimo.

No existen problemas de boca específicos de los diabéticos, aunque es cierto que algunas alteraciones se presentan con mayor frecuencia en estos enfermos: xerostomía, queilitis angular, glositis romboidal media, úlceras aftosas, candidiasis, úlceras orales, cicatrización retardada y periodontitis. • En primer lugar, debemos mantener los niveles de glucemia lo más cercanos posible a la normalidad. • Ha de revisarse la boca diariamente, pieza por pieza e incluyendo las encías, con la ayuda de un espéculo similar al que utilizan los dentistas. • Los dientes deben cepillarse al menos dos veces al día. Emplear la seda dental una vez al día es otra medida útil. Asimismo, hay que mantener limpia cualquier prótesis dental que se lleve. Es recomendable ir al odontólogo para hacer una limpieza dental y una exploración dos veces al año y siempre que surja algún problema: encías rojas, ulceradas, hemorrágicas o que descarnan los dientes, cualquier posible infección dental o lesiones a causa de las prótesis dentales. Fundamentos científicos Diversos trabajos han puesto de manifiesto que la enfermedad periodontal es más prevalente en los pacientes con diabetes mellitus. La enfermedad periodontal incluye los procesos inflamatorios de las encías (gingivitis) y de las estructuras fibrosas y hueso alveolar que rodea la pieza dentaria (periodontitis) ocasionando la pérdida de ésta. La etiología de estos procesos es multifactorial, pero tiene un componente infeccioso. Se han implicado en su origen unas 15 especies de bacterias, principalmente anaerobias, por lo que es lógico que los pacientes con diabetes mellitus, que padecen una cierta afectación de la inmunidad, presenten una mayor prevalencia. También se ha relacionado la enfermedad periodontal en diabéticos con los productos finales de la glucosilación avanzada, que afectaría al metabolismo del colágeno y a la integridad vascular. Se ha documentado que cuanto peor es el control de la diabetes, mayor es el riesgo de enfermedad periodontal. Ese riesgo aún es mayor si además se es fumador o si existe una higiene bucal deficiente. Los pacientes con diabetes pueden sufrir también otras complicaciones estomatológicas, como las candidiasis o la queilitis angular. Por todo ello, las personas diabéticas deben ser informadas al respecto y mantener una adecuada higiene dental, cepillándose los dientes al menos dos veces al día, empleando hilo dental si es preciso y acudiendo periódicamente a una revisión odontológica. Hay que mantener el mejor control metabólico posible y evitar el hábito tabáquico.

El horario de las mediciones dependerá de la medicación que se esté empleando, del horario de las comidas, del ejercicio y la actividad física diaria y del control de los niveles de glucemia, puesto que éstos varían a lo largo del día en función de los factores mencionados. En ocasiones, el médico o el farmacéutico piden al paciente que realice las determinaciones de los niveles de glucemia en varios momentos del día para establecer el «perfil glucémico». Esos momentos suelen ser los siguientes: • Antes del desayuno, la comida y la cena. • De 1 a 2 horas después del desayuno, la comida y la cena. • Antes de acostarse. • A las tres de la madrugada. Fundamentos científicos El autoanálisis de glucemia ha permitido monitorizar los niveles de glucosa y ha hecho posible que las personas con diabetes estén informadas sobre su grado de control, pudiéndose de este modo realizar modificaciones en el tratamiento para ajustar pautas insulínicas, cambiar tratamientos, dieta, etc. Esa información tiene un inestimable valor para los profesionales encargados del cuidado de los pacientes diabéticos, hasta el punto de que cabe afirmar, sin temor a equivocarse, que ha sido uno de los grandes avances en los últimos 25 años. La frecuencia y el horario de las mediciones dependerán del grado de control del paciente, del tratamiento que siga y de los objetivos glucémicos que alcanzar. También, como es lógico, de lo que el paciente pueda asumir, pues no todos ellos están dispuestos a seguir unas indicaciones adecuadas. Los hay que pecan por exceso, incluso obsesivo, y otros lo hacen por defecto, y, a pesar de lo que les solicitamos, no hay manera de que lo realicen. A modo de indicaciones generales, cabe hacer las siguientes recomendaciones: • Pacientes diabéticos en tratamiento con dieta, bien controlados, con una HbA1c <7%: 1-2 determinaciones semanales, preprandial y posprandial (2 horas). • Pacientes diabéticos en tratamiento con dieta e hipoglucemiantes orales, bien controlados, con una HbA1c <7%: 3-4 determinaciones semanales, preprandiales y posprandiales (2 horas). • Pacientes diabéticos tratados con una única dosis de insulina: una determinación diaria, con un perfil glucémico: seis autoanálisis en un solo día, preingesta y 2 horas postingesta, cada 2 semanas. • Pacientes diabéticos tratados con dos dosis de insulina: dos determinaciones diarias y perfil glucémico cada 2 semanas. • Pacientes diabéticos tratados con múltiples dosis de insulina o bomba de infusión continua de insulina: tres determinaciones diarias más una posprandial al día, que irá alternando. Puede ser necesario hacer un control semanal a medianoche. • Gestantes y pregestantes con diabetes: seis determinaciones diarias preprandiales y posprandiales más alguna nocturna. En caso de que exista enfermedad, estrés o hiperglucemia sin motivo aparente, todos los pacientes han de aumentar la frecuencia del autoanálisis hasta que se haya solucionado el problema o se haya instaurado el tratamiento pertinente y se hayan normalizado las cifras.

La mayoría de los diabéticos no necesita utilizar zapatos especiales: sólo aquellas personas con deformidades del pie u otras complicaciones pueden requerir calzado diseñado especialmente. No obstante, sí es importante que los diabéticos utilicen zapatos cómodos, no demasiado flojos y, menos aún, apretados, ya que muchos problemas de pies en diabéticos son causados por zapatos no adecuados. Algunas recomendaciones son: • Revisar los zapatos diariamente por el interior (con la mano) buscando posibles aristas, costuras, pliegues, etc. • Utilizar zapatos de piel, anchos, cómodos, con poco tacón y sin costuras. • Emplear zapatos deportivos con suela de goma. • No utilizar todos los días los mismos zapatos. Cambiarlos dos o más veces a la semana. • Utilizar los zapatos nuevos de forma progresiva. Fundamentos científicos Actualmente, los calzados que se venden en el mercado, sobre todo los femeninos, están fabricados según unos patrones simbólicos subordinados a la moda del momento y que muy a menudo nada tienen que ver con la anatomía y fisiología del pie. Estamos hartos de ver zapatos de tacón de aguja de 15 cm, estrechos por delante, donde no queda espacio para los dedos, con suelas extrafinas que no protegen de los diferentes cuerpos extraños que puedan encontrarse por el suelo, y que en realidad son los responsables de muchas enfermedades de los pies. Igual ocurre con ese tipo de calzado abierto por detrás y con suela de madera que se dispensa en farmacias y ortopedias como zapato sanitario. Y eso por citar sólo dos tipos de modelos muy utilizados en nuestra sociedad. Ciertamente, todo calzado que se salga de esta línea puede parecer ortopédico o, como mínimo, especial, pero en realidad habría que llamar especial a los dos modelos anteriores y guardarlos para eventos muy esporádicos. Toda la población en general, y la diabética en especial, debe usar un calzado fabricado en piel de cabra u oveja, que es el mamífero que mejor transpira. La suela ha de ser de goma y gruesa, al menos de 2 cm, y con cámara de aire o similar (cámaras de gel). Hoy día hay muchas marcas que ofrecen este tipo de zapato que transpira a través de la goma. Debe ser cerrado por detrás, de forma que no sea el pie el que deba asir el zapato para que éste no se pierda, sino el zapato el que vaya asido al pie con un cordón, velcro o similar. El tacón tendrá de 3 a 5 cm. Y en las señoras esos 5 cm deberán tener base de apoyo, en forma de cuña, no de punta fina, que dan inestabilidad al deambular. Estamos hablando de zapatos que habitualmente podemos encontrar en cualquier tienda de nuestro barrio. La situación es distinta cuando el paciente tiene el síndrome de pie diabético, en que existe una patología de vasculopatía y/o neuropatía, y el paciente debe llevar, además, algún tipo de prótesis o plantilla de descarga. En tal caso, el calzado debe ser escogido más minuciosamente, y las ortopedias son el lugar idóneo donde encontrarlo. Este tipo de zapato debe tener un ancho especial, fabricarse en piel de vaquetilla, sumamente fina, y carecer de costuras interiores, para no provocar erosiones en la piel sin que el paciente se entere. La suela será, repetimos, de goma y con cámara de aire, y el zapato siempre llevará cordones, para que quede bien sujeto al pie. El zapato tipo mocasín acaba dándose y las personas con neuropatía al final lo pierden sin darse cuenta. También existe el calzado hecho a medida, que se reserva para pacientes que han sufrido algún tipo de amputación y que, debido a su nueva anatomía, necesitan un calzado de unas características especiales que el estándar no satisface.

El pie, en el diabético, es un ejemplo de las complicaciones que comporta la enfermedad: complicaciones arteriales, neurológicas e infecciosas. La prevalencia de la isquemia en las extremidades inferiores en la diabetes se sitúa en el 12-23%. La mala circulación y la menor sensibilidad en los pies traen como consecuencia una mayor facilidad de ulceración y de infección de las úlceras, lo que puede llegar provocar la amputación del miembro. De ahí que sea fundamental que los diabéticos revisen periódicamente sus pies (con espejos o con ayuda de alguien) buscando heridas, zonas rojas, etc., y que los mantengan limpios y con las uñas cortas. Han de lavarlos diariamente con jabón neutro y agua tibia (menos de 37 ºC) y secarlos bien. Asimismo, deben cuidar el calzado, evitar los golpes y rozaduras, y en caso de que aparezcan callos u otros problemas, acudir al podólogo. Fundamentos científicos: En el paciente con diabetes mellitus pueden darse dos complicaciones crónicas que ponen en peligro la integridad de los pies: por un lado, la arteriopatía periférica, que condiciona una isquemia de la extremidad inferior, y, por otra parte, la neuropatía, que puede hacer que disminuya la sensibilidad, se pierdan los reflejos musculares profundos y se altere la biomecánica del pie. La aparición de úlceras es más habitual en pacientes con diabetes mellitus de más de 10 años de evolución, varones, con mal control metabólico y que ya han sufrido otras complicaciones macro– o microvasculares. La diabetes mellitus constituye la principal causa de amputación no traumática de extremidad inferior. El paciente diabético debe recibir educación sobre cómo cuidar sus pies. Ha de revisarlos periódicamente para detectar la aparición de heridas, zonas eritematosas, callosidades…, para lo cual tal vez requiera un espejo o la ayuda de otra persona. Debe mantener una higiene adecuada: ha de lavarlos cada día con jabón neutro, comprobando la temperatura del agua (<37 ºC), secándolos con cuidado y manteniendo la piel bien hidratada. Debe mantener, asimismo, un buen cuidado de las uñas, no cortándolas en redondo sino rectas, para evitar la onicocriptosis (uña encarnada); es recomendable que acuda a un podólogo experto, sobre todo si aparecen callosidades u otros problemas. El calzado será amplio y recogerá todo el pie, y se comprobará que no provoque rozaduras.

El principal problema que puede aparecer es la retinopatía. Mantener un nivel de glucemia cercano a la normalidad puede prevenir o retrasar el inicio de la retinopatía diabética, y mantener bajo control la presión arterial también es un elemento importante. Asimismo, identificar y tratar a tiempo los problemas oculares ayuda a evitar la ceguera. El paciente diabético debe acudir al oftalmólogo para realizarse una exploración oftalmológica del fondo del ojo con la pupila dilatada en el momento del diagnóstico de la diabetes y al menos una vez al año. De este modo se puede examinar la retina y buscar signos de cataratas o glaucoma. Aunque la retinopatía diabética puede desarrollarse sin síntomas, es importante someterse a una exploración ocular de forma periódica (anual) para identificar los problemas a tiempo. Los pacientes que experimenten signos de cambios visuales (si tienen problemas para leer, si su visión es borrosa o si ven anillos alrededor de las luces, manchas negras o luces destellantes) deben acudir a su oftalmólogo para solicitar una revisión ocular. En el caso de las embarazadas, se recomienda una revisión en el primer trimestre y posteriormente cada 3 meses. Fundamentos científicos La principal medida para evitar el inicio o la progresión de la retinopatía diabética es la prevención. Las medidas básicas que se recomienda para ello son: • Mantenimiento de la glucemia y la HbA1C en los límites más cercanos a la normalidad: glucemias preprandiales <130 y posprandiales <170 y HbA1c <7%. • Mantenimiento de una presión arterial <130/80 mmHg. • Perfiles lipídicos: colesterol LDL <100 mg, HDL >40 mg y triglicéridos <150 mg. En cuanto a la periodicidad de las revisiones habituales, puede seguirse el siguiente esquema: • Revisión del fondo de ojo por parte del oftalmólogo al inicio de la diabetes. • Si no hubiera ninguna señal de lesión, pueden realizarse revisiones cada 2 años. • En caso de que se detectara algún indicio de desarrollo de retinopatía, está indicada la revisión anual, si aquélla es leve. • Si el oftalmólogo considera que por el tipo de lesión y/o su progresión el paciente ha de realizar exploraciones más a menudo, pueden efectuarse cada 6 meses. En cualquier caso, será el especialista quien determine la frecuencia. • En los casos especiales de mujeres pregestantes, gestantes con diabetes o personas sometidas a tratamiento con láser, la frecuencia de las revisiones la indicará también el oftalmólogo. Ante cualquier signo visual que el paciente identifique como anómalo, éste deberá consultar con su equipo médico, que valorará la conveniencia de realizar las exploraciones pertinentes.

Además de la diabetes, otros factores de riesgo cardiovascular son la hipertensión arterial, las dislipemias, el sobrepeso y el tabaquismo. Para reducir el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, debemos intentar controlar dichos factores. La mejor forma de lograrlo es seguir una alimentación completa y equilibrada que reduzca el consumo de grasas saturadas y sal, practicar ejercicio físico moderado y continuado, disminuir el peso hasta alcanzar un peso ideal, no fumar y mantener unos niveles adecuados de glucosa, colesterol en sangre y presión arterial. Aparte de los controles de glucosa (diarios, semanales, etc.), es preciso determinar el nivel de HbA1C al menos dos veces al año para controlar el nivel promedio de glucosa en sangre en los últimos 2-3 meses. Hay que medir la presión arterial por lo menos una o dos veces al mes y los valores de colesterol como mínimo dos veces al año. Y, sobre todo, tomar la medicación tal como la ha prescrito el médico y explicado el farmacéutico. Fundamentos científicos: El paciente con diabetes mellitus presenta un riesgo incrementado de padecer enfermedades cardiovasculares; de hecho, muchos estudios equiparan el riesgo de sufrir un episodio cardiovascular que entraña la diabetes al que presenta un paciente que ya ha sufrido un infarto previo. De ahí que todos los factores de riesgo cardiovascular deban estar controlados con objetivos de prevención secundaria. Las glucemias preprandiales deben situarse entre 90 y 130 mg/dL y las posprandiales (a las 2 horas) por debajo de 180 mg/dL. La HbA1c debe ser inferior al 7%. El colesterol LDL ha de estar por debajo de 100 mg/dL y el HDL por encima de 55 mg/dL en mujeres y por encima de 45 mg/dL en hombres. Los triglicéridos deben ser inferiores a 150 mg/dL. La presión arterial sistólica no debe superar los 130 mmHg y la diastólica los 80 mmHg. Para conseguir estos objetivos ha de recurrirse a todas las medidas terapéuticas necesarias: dieta, actividad física, fármacos… Debe evitarse a toda costa el hábito tabáquico, así como el sobrepeso. Los pacientes con diabetes mellitus de más de 30 años que tengan otro factor de riesgo cardiovascular y que no presenten contraindicaciones deben recibir tratamiento antiagregante (en general, ácido acetilsalicílico en dosis bajas).

El alcohol puede provocar hipoglucemia, por lo que si un paciente está en tratamiento con insulina o con dosis altas de medicamentos hipoglucemiantes orales, debe contemplarse ese riesgo, además de que podría enmascarar los síntomas de la hipoglucemia. La tendencia a la hipoglucemia puede prolongarse hasta 4-6 horas después de haber bebido alcohol. El alcohol está contraindicado también en individuos con mal control glucémico y en diabéticos con hiperlipemias, puesto que puede aumentar los niveles de triglicéridos en sangre, tanto en ayunas como posprandiales. Fundamentos científicos El alcohol inhibe la producción hepática de glucosa, que es la principal fuente de ésta cuando no estamos en fase postabsortiva. El alcohol, además, atenúa la respuesta betadrenérgica a la hipoglucemia, anulando los síntomas iniciales (temblor, sudoración, etc.). Por todo ello, el consumo de alcohol, en los pacientes con diabetes mellitus en tratamiento con insulina, puede favorecer la aparición de hipoglucemias y hacer que éstas sean más graves por no haber sido percibidas al principio. La educación sanitaria del paciente sobre los efectos del alcohol en las concentraciones de glucosa en la sangre es un elemento clave para prevenir la hipoglucemia inducida por el alcohol. Por otra parte, el alcohol tiene un aporte calórico significativo (unas 7 kcal/g), que puede favorecer la aparición de sobrepeso, con sus consecuencias sobre el metabolismo de los hidratos de carbono, y ejerce también un papel directo en la producción de hipertrigliceridemia. Así pues, si el paciente diabético consume alcohol, ha de hacerlo con moderación y conociendo muy bien su respuesta a él.

El consumo excesivo de alcohol puede aumentar el riesgo de desarrollar diabetes, ya que puede llegar a producir una inflamación crónica del páncreas, lo que podría conducir a una lesión permanente y a un deterioro de su capacidad para segregar insulina. Los pacientes diabéticos pueden tomar bebidas alcohólicas, pero con moderación. El consumo moderado de alcohol se define como dos bebidas diarias para los hombres y una para las mujeres. Una bebida corresponde a un vaso de vino de 150 mL, una cerveza de 330 mL o una copa de 40 mL de licor de 40º de alcohol. De todas formas, hay que tener en cuenta que las calorías que proporciona el alcohol (7 kcal/g) se acumulan directamente en forma de grasa y que, aunque su consumo sea moderado, hacerlo en ayunas puede provocar hipoglucemia. Fundamentos científicos El consumo enólico de riesgo (definido en la mayoría de los estudios epidemiológicos como >80 g o cuatro consumiciones diarias para varones y >40 g o dos consumiciones diarias para mujeres) puede producir toxicidad en múltiples aparatos y sistemas del organismo. Sobre el páncreas puede producir pancreatitis crónica, que suele implicar déficit en su actividad exocrina, generando esteatorrea y malnutrición, así como en su actividad endocrina, produciendo diabetes mellitus secundaria, por insulinopenia. Por otra parte, el alcohol tiene un aporte calórico significativo (unas 7 kcal/g) que puede favorecer la aparición de sobrepeso, con sus consecuencias sobre el metabolismo de los hidratos de carbono, y tiene también un papel directo en la producción de hipertrigliceridemia. Algunos estudios han sugerido que el consumo moderado de alcohol (1-2 consumiciones diarias en varones y 1 en mujeres) podría tener efectos beneficiosos al reducir el riesgo cardiovascular, por lo que, si forma parte de los hábitos del paciente y no hay otra contraindicación, puede permitirse, sin prescribirse de forma activa.

Yo no puedo tener diabetes, ya que nunca como dulces: El origen de la diabetes no está en la ingestión excesiva de dulces, sino en un mal funcionamiento del páncreas, que produce menos insulina, o en una falta de efecto de esta insulina. Diabético es el que se pone insulina, yo sólo tengo «un poco de azúcar» Una persona es diabética cuando sus valores de glucosa en sangre son superiores a 126 mg/dl en dos análisis consecutivos o cuando, en una curva de glucosa, ésta es superior a 200 mg/dl después de dos horas. De hecho, la mayoría de diabéticos se controlan con dieta y fármacos orales, y no necesitan tratamiento con insulina. Yo tengo la diabetes de tipo 2, «que es buena»; «la mala» es la de tipo 1 Los dos tipos de diabetes son «malos», porque pueden dar complicaciones cuando no se controla la enfermedad adecuadamente. La insulina me puede dejar ciego La insulina no es tóxica para el organismo. Sin embargo, la diabetes mal controlada produce diversas complicaciones, que pueden afectar también a la retina (retinopatía diabética) y causar ceguera. En ocasiones, para cuando se inicia el tratamiento con insulina, ya es demasiado tarde y la retina está dañada. No puedo comer pan, pasta, arroz ni patatas Toda persona con diabetes debe realizar una dieta variada y equilibrada. Únicamente se desaconsejan los azúcares de absorción rápida (bollería, azúcar de mesa…). El resto de hidratos de carbono (pan, arroz, pasta, patata, legumbres…) no están prohibidos, sino que constituyen parte importante de la comida. Su médico y enfermera le recomendarán la cantidad y distribución de estos alimentos. Sólo la insulina puede producir bajadas de azúcar peligrosas Un desajuste entre la dosis de insulina, la ingestión de alimentos y el ejercicio puede provocar bajadas de azúcar (hipoglucemias). Por ello, cuando se inicia un tratamiento con insulina, el paciente ha de ser entrenado para evitar y tratar las hipoglucemias. Sin embargo, el tratamiento de la diabetes con algunos tipos de pastillas (sulfonilureas y meglitinidas) también puede provocar bajadas de azúcar. Yo me encuentro bien, no necesito medicarme para la diabetes Desgraciadamente, la diabetes es una enfermedad engañosa: aunque la persona se encuentre bien, puede tener unos valores de glucosa en sangre elevados que estarán dañando muchos órganos, como son el corazón, los ojos, los riñones o los nervios. El tratamiento de la diabetes va encaminado a mejorar el control para prevenir la aparición de sus complicaciones. No hay que esperar a encontrarse mal para iniciar el tratamiento. Hice dieta unos meses y se me curó la diabetes La diabetes es una enfermedad crónica que requiere tratamiento de por vida. La dieta es el pilar fundamental del tratamiento de la diabetes, y muchas veces los valores de glucosa se normalizan por completo cuando el paciente ha seguido muy bien la dieta prescrita. Sin embargo, si el paciente abandona la dieta, aumentarán de nuevo los niveles de azúcar y la diabetes «reaparecerá».

El tabaco es en sí mismo un factor de riesgo cardiovascular muy importante, pero además es uno de los factores de riesgo más influyentes para la aparición y el avance de las complicaciones de la diabetes, debido a que los compuestos químicos del tabaco pueden lesionar los vasos sanguíneos, los músculos y otros órganos. El tabaco causa resistencia insulínica en el individuo con normopeso, comparable a la que presenta el sujeto no fumador con obesidad. El tabaco, así pues, puede aumentar también el riesgo de aparición de diabetes. Las mujeres embarazadas que fuman presentan por esta circunstancia un mayor riesgo de sufrir diabetes durante el embarazo (diabetes gestacional). Fundamentos científicos La evidencia que pone de manifiesto los efectos perniciosos del tabaco sobre múltiples aspectos de la salud es amplia y contundente. Entre otros efectos, el tabaco es un potente factor de riesgo cardiovascular, y si interactúa con la diabetes mellitus, que es un gran acelerador de la aterosclerosis, el incremento del riesgo es muy elevado. Diversos estudios han constatado que la morbimortalidad prematura de causa macrovascular es mayor en pacientes con diabetes mellitus fumadores que en los no fumadores. Asimismo, los pacientes con diabetes mellitus que fuman corren mayor riesgo de desarrollar complicaciones microangiopáticas. El tabaquismo se contempla también como factor que favorece la resistencia a la insulina y la diabetes mellitus tipo 2. El consejo antitabaco ha mostrado ser efectivo para reducir el hábito, por lo que es importante la constancia desde todos los sectores del ámbito sanitario sobre toda la población fumadora, y más aún, si cabe, sobre los pacientes con diabetes mellitus.

La dieta y el ejercicio son los primeros pasos de actuación en el tratamiento de la diabetes tipo 2. El segundo paso es la instauración del tratamiento farmacológico, que se añade a la dieta y el ejercicio. El ejercicio, habitual y moderado, además de mejorar la forma física y mental, reduce el riesgo de enfermedad cardiaca y contribuye, junto con la dieta, a evitar el sobrepeso. El ejercicio hace que se utilice la glucosa muscular y que, a consecuencia de ello, se reduzca la concentración de glucosa en sangre, lo que contribuye a mejorar el tratamiento farmacológico. La propia actividad física hace que las células respondan mejor a la acción de la insulina. El ejercicio ayuda, asimismo, a alcanzar y mantener el peso ideal, lo que puede ser muy eficaz para eliminar muchos de los síntomas de la diabetes, como la fatiga y la baja resistencia a las infecciones. Por tanto, la dieta y el ejercicio, conjuntamente, constituyen el tratamiento de la diabetes. Fundamentos científicos Los elementos que componen el tratamiento de la diabetes mellitus son la dieta, la actividad física y el tratamiento farmacológico (fármacos orales e insulina). Son aspectos complementarios, y ninguno tiene por qué excluir a los otros. La actividad física ha demostrado tener una acción beneficiosa sobre diversos factores de riesgo cardiovascular, como reducir las cifras de presión arterial en pacientes hipertensos, disminuir los niveles de triglicéridos, aumentar los de colesterol HDL y reducir el estado protrombótico típico de los pacientes con diabetes. La actividad física es también especialmente útil para consolidar las pérdidas de peso conseguidas mediante una dieta hipocalórica. Por tanto, incluso ante un buen cumplimiento de la dieta, y siempre que no haya complicaciones, la actividad física debe recomendarse a los pacientes con diabetes mellitus.

La balanza que todo diabético ha de tener en cuenta tiene en un platillo la ingestión de alimentos y, en el otro, el tratamiento y el ejercicio. Cuando la balanza está equilibrada, se consigue el control y la estabilización de las cifras de glucemia; si aumentamos el ejercicio y no aumentamos la ingesta, se produce una disminución de la glucosa sanguínea. De ahí que sea importante realizar análisis de glucemia cuando se hace ejercicio, para evitar una posible hipoglucemia. Realizar un control de la glucosa en sangre permite saber cuándo se necesitan reajustes en la ingestión de alimento (aumento) o en la administración de insulina (disminución) al hacer ejercicio. Una comida extra antes y/o durante un ejercicio vigoroso, por ejemplo, puede estar indicada si el nivel de glucosa en sangre es bajo o normal. O puede ser necesario disminuir la dosis de insulina antes de un ejercicio fuerte, dependiendo del nivel de glucosa en sangre, para reducir la posibilidad de una hipoglucemia. Efectuando determinaciones de glucemia antes, durante y después del ejercicio, y ajustando tanto la dieta como el tratamiento, los diabéticos tipo 1 pueden realizar perfectamente cualquier tipo de deporte. Fundamentos científicos En los individuos sanos, los cambios que se producen en la glucemia durante la actividad física son mínimos. En cambio, en los pacientes con diabetes tratada con insulina, durante la actividad física la insulinemia se mantiene, aumenta la captación periférica de glucosa por parte del músculo esquelético, pero la producción hepática de glucosa, que se encuentra inhibida por la insulina, no puede compensarla con la rapidez requerida. En el ejercicio moderado de corta duración esto no suele tener repercusión, pero si el ejercicio se prolonga, puede producirse una hipoglucemia. Por esta razón debe monitorizarse la glucemia capilar antes, durante y después de la actividad física, para utilizar una estrategia que minimice el riesgo de hipoglucemia. Si el ejercicio es planificado, una buena solución es reducir la dosis previa de insulina. También pueden administrarse suplementos con 20-25 g de hidratos de carbono cada 30 minutos en ejercicios prolongados. En general, lo aconsejable es que el paciente adquiera experiencia en su propia respuesta glucémica al ejercicio y adopte la estrategia óptima. Así pues, se recomienda aumentar los controles de glucemia cuando se hace actividad física.

El ejercicio en los diabéticos mejora el control glucémico, disminuye la presión arterial, reduce o mantiene el peso corporal y mejora la dislipemia y los marcadores de riesgo cardiovascular. Si la diabetes está controlada, se puede hacer ejercicio de la manera que se quiera, aunque el ejercicio aeróbico es mejor: correr, caminar rápido, jugar a tenis, ciclismo o bicicleta estática, bailes de salón y natación. Es preferible hacer ejercicio diario, moderado, durante de media a una hora al día, que hacer ejercicio muy intenso de forma esporádica. Si nunca se ha realizado ejercicio, caminar en lugar de ir en coche y subir las escaleras en lugar de coger el ascensor pueden ser formas sencillas de empezar. Es importante llevar la ropa adecuada para hacer ejercicio (de algodón en época de calor, de algodón en el interior y lana en el exterior en épocas frías) a fin de prevenir exposiciones dañinas, agotamiento por calor, insolaciones o una baja temperatura corporal. Dependiendo del tipo de ejercicio que se haga, también pueden precisarse adaptaciones especiales en el calzado, así que conviene consultar al médico o farmacéutico. Fundamentos científicos La actividad física entraña amplios beneficios para el control de la diabetes mellitus tipo 2, así como para el de otros factores de riesgo cardiovascular: hipertensión arterial, dislipemia, sobrepeso… En general, se aconseja una valoración médica antes de iniciar un programa de actividad física. Se recomiendan ejercicios de tipo aeróbico (caminar, jogging, montar en bicicleta, nadar…) que se adapten a las necesidades y los gustos del paciente. Una forma objetiva de medir la intensidad de la actividad física es el porcentaje de frecuencia cardiaca máxima teórica (FCMT= 220 – edad). Como norma, lo recomendable serían ejercicios de intensidad moderada, sin superar el 70% de la FCMT (por ejemplo, para un hombre de 50 años, sin superar el 70% de 170, es decir, 120 pulsaciones por minuto). La frecuencia ideal de las sesiones es de 3-5 a la semana, con una duración progresiva, empezando por sesiones más cortas, que se alargarán progresivamente. Las sesiones deben iniciarse con un periodo de calentamiento de unos 5 minutos para adecuar la musculatura esquelética y el aparato cardiorrespiratorio y deben finalizarse también con una disminución progresiva de la actividad. Hay que disponer de un equipamiento adecuado y garantizar una correcta hidratación.

El organismo utiliza la glucosa (azúcar) que todos tenemos en la sangre como energía, de manera que en momentos en que «se gasta más energía» (como, por ejemplo, al hacer un ejercicio muy intenso) baja el nivel de glucosa en la sangre. La forma más rápida de hacer subir la glucosa cuando está demasiado baja, como en una situación de hipoglucemia, es tomando algún alimento azucarado, galletas, fruta o un terrón de azúcar. El diabético solamente debe comer o beber alimentos dulces si se encuentra en situación de hipoglucemia («bajón de azúcar»). Fundamentos científicos Hace algunos años que las antiguas restricciones en cuanto a que los diabéticos no podían comer dulces, helados, etc. han quedado superadas. Hoy en día se dice que la persona con diabetes dispone de un «presupuesto» en hidratos de carbono, y que puede distribuirlo a su conveniencia. Como es lógico, no todo ese consumo se realizará en forma de hidratos de carbono de absorción rápida: éstos han de incluirse preferentemente en las comidas principales y deben ir acompañados de fibra (ensaladas, verduras u hortalizas) para frenar su potencial poder hiperglucemiante. Con estas matizaciones, no existe motivo justificado para prohibir el consumo de estos productos. Ello exige que el diabético calcule su composición en hidratos de carbono. Por ejemplo, un helado de postre puede sustituir a una pieza de fruta, ya que el helado no contiene más hidratos de carbono que una fruta. Lógicamente, estamos hablando de un polo, aunque sea de chocolate, y no de una tarrina de helado de 1 kg. De igual modo que las personas sanas no se comen un helado de postre en todas las comidas de la semana, sino sólo alguna vez, también el diabético puede comerse un helado de vez en cuando. En cuanto a los caramelos u otros productos similares, como los chicles, se ha de mirar su composición. Si contienen sacarina, aspartamo, ciclamato, alitamo, taumatina, sucralosa, neohesperidina, manitol, xilitol y sorbitol, su consumo se puede permitir, con las restricciones propias que dicta el sentido común. Y lo mismo puede decirse de las bebidas acalóricas, como la Coca-Cola light, la Pepsi light, los refrescos light en general y las gaseosas. Otro caso sería el consumo de alguna bebida azucarada o refresco cuyo consumo habitual no está indicado (tipo Aquarius, refrescos en general); si el paciente ha realizado, está realizando o va a realizar algún ejercicio físico extraordinario, puede tomar esa bebida para evitar o prevenir la hipoglucemia.

De momento no existen datos suficientemente contrastados sobre la efectividad de los suplementos dietéticos en la diabetes tipo 2. Las evidencias disponibles hasta ahora son insuficientes para demostrar que tengan beneficios en la diabetes tipo 2 o sus complicaciones. Sólo ciertos edulcorantes, como ya hemos visto, cumplen una clara función. Los sucedáneos de las grasas, que provienen de hidratos de carbono o proteínas (4 kcal/g), pueden ser beneficiosos para sustituir las grasas, pero deben tenerse en cuenta en la cantidad de hidratos de carbono totales ingeridos en la dieta. La posible excepción puede ser el empleo de ácidos grasos omega-3 para reducir los niveles de triglicéridos. Aunque se ha descrito la necesidad de suplementos de vitaminas (como los betacarotenos, la vitamina E y la vitamina C) o minerales (por ejemplo, el cromo), no se dispone de ensayos clínicos rigurosos que demuestren su beneficio en esta patología o sus complicaciones. Fundamentos científicos: Se han propuesto gran cantidad de micronutrientes como suplementos dietéticos para los pacientes con diabetes, pero en la mayoría de los casos no existe evidencia científica que respalde estas recomendaciones. Dado que en la diabetes se ha constatado un aumento del estrés oxidativo, se ha sugerido la conveniencia de suplementar con vitaminas antioxidantes (E, C, betacarotenos) a estos pacientes, pero ensayos clínicos comparativos con placebo no han revelado beneficios significativos. También se ha descrito el supuesto beneficio del cromo para el control del peso y la resistencia a la insulina, pero un metanálisis de varios ensayos clínicos no ha constatado efectos significativos. La utilización de suplementos de ácidos grasos omega-3 ha mostrado cierta actividad en la reducción de la trigliceridemia. En general, puede afirmarse que no existe evidencia significativa como para recomendar de forma sistemática ningún suplemento nutricional a los pacientes por el hecho de que tengan diabetes mellitus.

La dieta de la persona diabética no difiere de las recomendaciones que establece la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la población general: 50% de hidratos de carbono, 35% de grasas y 15% de proteínas. La distribución de las comidas dependerá del tratamiento hipoglucemiante de cada paciente. En general, en los pacientes tratados sólo con dieta o con dieta y antihiperglucemiantes, se recomienda realizar tres comidas al día. La vieja fórmula de que la persona con diabetes debe realizar 5-6 comidas diarias no está justificada en todos los casos. En cualquier caso, ello dependerá del perfil glucémico. Cuando una persona se ha administrado insulina intermedia o mezcla por la mañana, sí hace falta un suplemento a media mañana, pues a las 2-3 horas de la inyección de insulina es cuando ésta alcanza su máximo efecto hipoglucemiante. No suele ser necesario merendar, dado que a esa hora la insulina se halla en fase de escasa actividad y la mayoría de los pacientes, si meriendan, suelen llegar altos antes de la cena. Si un paciente se ha administrado insulina antes de la cena, también necesita un suplemento antes de acostarse, sin otros suplementos por el día, si no lleva insulina o aunque lleve hipoglucemiantes el resto del día. En pacientes en tratamiento con insulinas de acción rápida o análogos que se inyectan antes de cada comida, tampoco suelen ser necesarios los suplementos a media mañana y a media tarde, y sólo deben realizarse las tres comidas principales. Es importante que el farmacéutico pueda conocer la recomendación dietética que el equipo de atención da por escrito a cada paciente, pues estamos acostumbrados a que la persona siga sus comidas habituales, aunque le expliquemos la necesidad y la conveniencia de respetar horarios y cantidades, sobre todo con los hidratos de carbono, y ello en la práctica produce hipoglucemias por no comer a la hora debida e hiperglucemias por comer en exceso a otras horas.

La fibra es un tipo de hidrato de carbono no digerible que aporta volumen a la dieta y disminuye la digestión y absorción de los hidratos de carbono, lo que mejora el control de la glucosa sanguínea. Existen dos tipos principales de fibra: la soluble y la insoluble. o La fibra soluble, como la que se encuentra en las judías y las lentejas, controla los niveles sanguíneos de glucosa de forma más eficaz que la fibra insoluble y contribuye asimismo a disminuir el colesterol en sangre si está alto. o La fibra insoluble, como la del salvado de trigo, absorbe agua, proporcionando volumen; esto hace que las heces pasen más rápidamente a través del intestino y crea también la sensación de estar lleno. Los diabéticos deben consumir una cantidad de fibra diaria igual o superior a la recomendación de 25 g/día. Fundamentos científicos: La fibra dietética es un hidrato de carbono complejo que se encuentra en los alimentos de origen vegetal y que se caracteriza por no poder ser digerida por el organismo, de modo que pasa prácticamente intacta por el tubo digestivo. Tradicionalmente se ha distinguido entre dos grupos de fibra en función de su hidrosolubilidad: o Fibra insoluble (celulosa, hemicelulosa, lignina, almidón resistente). Se encuentra principalmente en el salvado de trigo y en la verdura. Absorbe agua y confiere volumen al bolo alimentario, por lo que puede favorecer la sensación de saciedad, ayudando así al cumplimiento de dietas hipocalóricas. Asimismo, facilita las deposiciones y previene el estreñimiento. o Fibra soluble (inulina, pectinas, gomas, fructoligosacáridos). Se encuentra sobre todo en las legumbres, los cereales y las frutas. Se ha descrito su efecto enlentecedor en la absorción de los hidratos de carbono y reductor de la absorción de lípidos, por lo que es muy beneficiosa en pacientes con diabetes mellitus tipo 2. Por todo ello, debe recomendarse a los pacientes con diabetes mellitus una dieta rica en fibra, aunque no debe abusarse de los productos con suplementos de fibra, ya que un exceso puede interferir en la absorción de algunos micronutrientes. La ADA recomienda un consumo de entre 20 y 35 g/día.

Las grasas han de constituir menos del 30% del aporte calórico total. De ese 30%, menos del 10% del aporte calórico diario debe ser en forma de grasas saturadas (manteca, mantequilla, beicon), menos del 10% en forma de polinsaturadas (este tipo de grasa se encuentra en el aceite de maíz, de girasol y de soja) y el resto en forma de grasas monoinsaturadas, que son las «menos malas». Estas últimas se encuentran en el aceite de oliva, y de colza y en los frutos secos, en particular en las nueces, almendras y avellanas. Las grasas saturadas son las más perjudiciales, debido a su efecto sobre la elevación del colesterol total y del colesterol LDL. El consumo de colesterol con la dieta debe ser inferior a 300 mg/día (y a 200 mg/día si el colesterol LDL está elevado). Para conseguir reducir el consumo de grasas, en lugar de freír o guisar los alimentos, se pueden cocinar a la plancha, al horno, asados, cocidos, hervidos… Fundamentos científicos: Para una alimentación saludable, el porcentaje de las calorías totales procedentes de los lípidos ha de situarse en alrededor del 30%. El porcentaje de grasas saturadas, en pacientes con diabetes mellitus, debería ser inferior al 7%. Las principales fuentes alimentarias de grasa saturada son productos de origen animal (manteca, mantequilla, beicon, etc.). Menos del 10% deberían ser grasas polinsaturadas, que proceden fundamentalmente de aceites vegetales, como el de maíz, girasol o soja. La mayor parte de la grasa de la dieta debería ser monoinsaturada. Las principales fuentes dietéticas de grasa monoinsaturada son el aceite de oliva y los frutos secos (avellanas, almendras, nueces, etc.). El aporte diario de colesterol debería ser inferior a 300 mg/día. Entre las principales fuentes de colesterol figuran los embutidos, las natas y la yema del huevo. En la práctica, si existe sobrepeso u obesidad, reducir la grasa de la dieta es la forma más fácil de reducir el aporte calórico, por lo que la alimentación de un diabético tipo 2 con sobrepeso ha de ser muy baja en grasa, y ésta debe proceder sobre todo del aceite de oliva, evitando al máximo los embutidos, las carnes grasas, los quesos y la bollería y restringiendo el consumo de huevos a dos semanales.

Un diabético debe seguir, como todo el mundo, una alimentación equilibrada que incluya, en las cantidades adecuadas, todos los alimentos de la pirámide nutricional, salvo los de alto contenido en sacarosa (el azúcar, las bebidas azucaradas y las golosinas). La alimentación del diabético ha de incluir cada día una cantidad suficiente e individualizada de alimentos que contengan hidratos de carbono de absorción lenta (cereales, pan y pasta). Es importante también consumir una cantidad adecuada de fibra, ya que ésta, entre otras cosas, mejora el control de la glucosa sanguínea al retrasar la digestión. Los objetivos que deben cumplir, sobre todo los diabéticos tipo 2, son: -El mantenimiento de valores de glucemia próximos a los normales. -La normalización de los valores de lípidos séricos y de la presión arterial. -La consecución y el mantenimiento de un peso corporal razonable. Fundamentos científicos: La dieta del paciente con diabetes mellitus es similar a la dieta saludable que podría recomendarse para la población general. Debe adaptarse a los siguientes principios generales: o Hay que determinar el aporte calórico, que deberá restringirse si existe sobrepeso u obesidad. o El porcentaje de calorías procedentes de los hidratos de carbono puede variar, pero se recomienda que represente el 45-65% del aporte calórico total, y limitar los de absorción rápida. o Las grasas deben constituir un 25-35% del aporte calórico, con predominio de las monoinsaturadas y con un aporte de saturadas inferior al 7% del total calórico. o El consumo de colesterol ha de ser inferior a 300 mg/día. o El aporte proteico debe ser de alrededor del 15% del total calórico, aunque en los pacientes con nefropatía diabética ha de limitarse a 0,8 g/kg/día. o El aporte de fibra será de 20 a 35 g/día, como en la población general. La forma de distribuirla dependerá del tratamiento que se siga; así, por ejemplo, los pacientes que utilizan insulinas intermedias tipo NPH suelen requerir suplementos de hidratos de carbono después de cada dosis.

Las zonas idóneas, porque permiten la autoadministración, son el vientre (evitando las inmediaciones del ombligo), los glúteos, los laterales de los muslos y los laterales de los brazos. Los pinchazos deben distanciarse entre sí más de 2 cm y hay que cambiar diariamente los puntos de inyección para evitar que se produzca el «callo diabético». Una vez que se ha mezclado bien la insulina, la aguja debe entrar perpendicularmente en el pliegue cutáneo (inyección subcutánea). No es necesaria la desinfección previa de la zona, ni tampoco el masaje posterior a la inyección. Debe saberse que la insulina tiene distinta velocidad de absorción según las distintas zonas donde se inyecte: es máxima en el abdomen y mínima en el muslo o la nalga. El masaje o el calor en la zona de inyección aumentan la velocidad de absorción. Fundamentos científicos: No existen unas zonas mejores que otras. Aunque la insulina se podría inyectar en otros lugares del cuerpo, las zonas recomendadas son la cara anterior de los brazos, el abdomen, la cara anterior de las piernas y la zona superior y lateral de los muslos. Lo que sí deben saber las personas con diabetes es que la absorción de la insulina es más rápida en unos lugares que en otros. Así, es más rápida en el abdomen y los brazos, y más lenta en las piernas y los glúteos. Cada paciente debe seguir las recomendaciones que le indique su equipo asistencial y, en ausencia de ellas, debe saber que hay que respetar las zonas en las inyecciones que se realizan a la misma hora. Por ejemplo, si una persona se pincha por las mañanas en el abdomen, todas las mañanas debe pincharse en el abdomen; lógicamente, la rotación significa que, dentro de cada zona, modifica el lugar de inyección. Un aspecto que debe recordarse a los pacientes es que, cuando se utilizan análogos de insulina (Humalog®, NovoRapid®, Humalog® Mix 25, Humalog® Mix 50, NovoMix® 30), la toma de alimentos debe realizarse inmediatamente después de la inyección, pues estas insulinas se absorben con mucha rapidez y, salvo que el paciente esté alto de glucosa, si la ingesta se demora puede producirse una hipoglucemia.

Es preciso conocer perfectamente el manejo de los dispositivos y la técnica de administración. Algunos aspectos esenciales para la correcta utilización de la insulina son los siguientes: o La insulina debe guardarse en la nevera, excepto el dispositivo o vial que se esté usando, que se conservará en lugar fresco a una temperatura inferior a 30 ºC durante un máximo de 4 semanas. o El dispositivo debe purgarse para eliminar el aire y ha de agitarse suavemente para no producir burbujas. o El farmacéutico debe asegurarse de que el paciente conoce perfectamente el ajuste de la dosis que administrar en cada momento. o No es recomendable utilizar las agujas más de una vez. o El tratamiento con insulina incrementa el riesgo de hipoglucemias: el paciente tiene que saber reconocerlas y cómo actuar para recuperarse. Fundamentos científicos: Diversos estudios demuestran que las personas que utilizan insulina a menudo siguen una ejecución incorrecta de la técnica y cometen errores en los diversos pasos. Esto reviste gran importancia, pues, dependiendo del error, puede afectar a la concentración y la dosis de insulina que se inyectan. Por ejemplo, una incorrecta homogeneización del vial puede hacer que las dosis sean imprevisibles, desde ponerse prácticamente sólo el excipiente en algunas ocasiones hasta inyectarse insulina en altas concentraciones en otras. Curiosamente, se hace mucho hincapié en las dosis y, en cambio, no se evalúa la correcta ejecución de la técnica. A fin de que profesionales y farmacéuticos digamos lo mismo, vamos a repasar los pasos que deben seguirse: o Asegurarse de la fecha de caducidad del vial antes de iniciarlo. o En las insulinas NPH o mezclas, mover el vial hasta su correcta homogeneización. Una técnica correcta consiste en moverlo como el limpiaparabrisas de un coche 20 veces. o Marcar la dosis. o Hacer un pliegue para clavar e inyectar la aguja con un ángulo de 90º. o Soltar el pliegue y sujetar el vial con una mano para que no se mueva la aguja del lugar de inyección. o Inyectar lentamente la insulina hasta el final. o Una vez inyectada la dosis, esperar 10 segundos antes de sacar la aguja de la piel. o Retirar la aguja y oprimir (y no masajear) la zona otros 10 segundos. o Cambiar la aguja cada tres pinchazos. Este aspecto se puede individualizar, pero no es obligatorio cambiar la aguja en cada inyección. Cada vez que se cambia, hay que marcar y desechar dos unidades para «purgar». o No utilizar un vial más de 4 semanas. o Guardar la insulina en lugar fresco y seco, protegiéndola de la luz solar directa y de los cambios bruscos de temperatura. o Observar las zonas de inyección para asegurarse de que no hay zonas endurecidas o enquistadas, lipoatrofia o lipodistrofia, zonas eritematosas, etc. o Guardar una distancia de 2-3 cm de un pinchazo a otro para no cargar la misma zona.

Diversos estudios han demostrado que un control riguroso de la presión arterial disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares graves, por lo que se recomienda conseguir en los diabéticos valores más bajos de presión arterial que los de la población no diabética. El objetivo es mantener la presión arterial por debajo de 130/ 80 mmHg, y, en caso de enfermedad renal, de 125/75 mmHg. Debe vigilarse con frecuencia y, si es necesario, utilizar un tratamiento farmacológico para reducirla. Fundamentos científicos Como acabamos de señalar, el control de la presión arterial reduce el riesgo de sufrir cualquier episodio macro- y microangiopático. La noticia es que cualquier mejora de los niveles de presión arterial tiene una clara influencia sobre la morbimortalidad, independientemente de que no se logre optimizar las cifras. Bajar 10 mmHg la presión arterial sistólica reduce el riesgo de un 20 a un 30%. Aun así, lo deseable es alcanzar unos niveles inferiores a 130/80 mmHg.

La diabetes presenta una serie de complicaciones crónicas como consecuencia del deterioro progresivo de las grandes arterias. La complicación más importante son las enfermedades cardiovasculares, que constituyen la principal causa de mortalidad prematura entre los diabéticos. Los adultos con diabetes tienen una probabilidad entre tres y cuatro veces mayor de padecer una crisis cardiaca (infarto agudo de miocardio) o de sufrir un ictus cerebral (apoplejía) que la población no diabética. Las dificultades circulatorias provocan también mala cicatrización de las heridas, alteran el funcionamiento de los riñones (con riesgo de insuficiencia renal) y producen trastornos en la sensibilidad (especialmente en los pies), impotencia, riesgo de ceguera, etc. Fundamentos científicos. La diabetes: o Es la causa principal de nuevos casos de ceguera. o Es la causa principal de enfermedad renal terminal. o Es la causa más frecuente de amputación no traumática de extremidades inferiores. o Aumenta 2-4 veces el riesgo de enfermedad coronaria y de enfermedad vascular cerebral. o Reduce la esperanza de vida unos 15 años. Todas estas complicaciones no se dan necesariamente en todos los diabéticos. Si una persona con diabetes está controlada y mantiene cifras de glucosa, lípidos y presión arterial en rangos lo más fisiológicos posible, aunque sea con las correspondientes medicaciones, el riesgo para cualquiera de las citadas complicaciones puede llegar a descender del 60 al 80%.

Grupo de Trabajo en Diabetes Monogénica de la SED

1.- ¿Qué es la diabetes tipo MODY? Es un tipo poco frecuente de diabetes. Se calcula que 1 de cada 100 personas diabéticas la tienen. Se debe a un problema genético de herencia dominante, es decir, que se transmite fuertemente de padres a hijos. Una persona con diabetes MODY la transmitirá aproximadamente a la mitad de sus hijos. Para diagnosticarla es un requisito indispensable que el padre o la madre tengan diabetes, aunque sea muy leve. Son familias en las que hay padres, hijos, abuelos y primos con diabetes. Suele diagnosticarse en la infancia o juventud, y no necesita insulina, al menos durante algunos años.

2.- ¿Cuántos tipos de diabetes MODY hay? Se conocen 6 tipos diferentes, pero los más comunes son el MODY 2 y el MODY 3: Ø Características del MODY 2: o Se suele diagnosticar en la infancia, aunque hay muchos adultos que la tienen y no lo saben. o Los niveles de glucosa no son muy altos (menos de 160 mg/dl), y no necesitan normalmente ningún tipo de tratamiento. o Al contrario que los otros tipos de diabetes no produce con el tiempo daño en la retina, riñones, corazón etc. o Las mujeres con este tipo de diabetes pueden detectarse por primera vez en el embarazo, al hacerse la curva de glucosa. Después del embarazo suelen mantener la glucosa alta. Ø MODY 3: o Se suele diagnosticar entre los 14 y los 30 años. o Es una enfermedad progresiva: al principio se trata con dieta, pero con los años se necesitarán pastillas antidiabéticas e incluso insulina. Últimamente se ha descubierto que es una diabetes que responde muy bien a un tipo de antidiabéticos, incluso en algunos casos en los que el paciente lleve años tratados con insulina. o Si no se controlan bien los valores de glucemia a largo plazo puede producir alteraciones en la retina, riñón, corazón, etc., como ocurre en la diabetes juvenil y la diabetes del adulto.

3.- ¿Cómo se diagnostica la diabetes tipo MODY? Para saber el diagnóstico con seguridad es necesario hacer el diagnóstico genético. Sólo es necesario extraer un tubo pequeño de sangre (como para cualquier análisis rutinario). Un médico especializado en diabetes le podrá decir si en su caso está indicado hacer el estudio.

4.- ¿Por qué es importante hacer el estudio genético? o Si se diagnostica de MODY 2 sabrá que su diabetes no va a ir a más, normalmente no tendrá complicaciones y no necesitará tratamiento. Podrá tranquilizar a otros miembros de su familia que también la tengan. o Si se diagnostica de MODY 3 se intentará tratarlo un tipo de antidiabéticos adecuados a esa enfermedad. Es probable que si lleva insulina (usted o algún miembro de la familia) se pueda cambiar a pastillas, al menos durante algunos años.

5.- Siempre me han dicho que tengo diabetes tipo 1 o diabetes juvenil. ¿Puedo tener diabetes MODY? Sospechar si: o Su padre o su madre, además de abuelos o primos, tienen diabetes. o Se trató con dieta o pastillas, y no necesitó insulina durante los primeros años del diagnóstico, o su médico le ha dicho que su páncreas todavía fabrica insulina.

6.- Siempre me han dicho que tengo diabetes del adulto o diabetes tipo 2. ¿Puedo tener diabetes MODY? Sospechar si: o Su padre o su madre, además de abuelos o primos, tienen diabetes. o Se diagnosticó antes de los 40 años. o No tiene sobrepeso u obesidad. o No tiene la tensión ni el colesterol alto.

La importancia de las transgresiones dietéticas en los diabéticos depende de si se trata de una diabetes tipo 1 (diabetes de comienzo en la infancia o adolescencia que precisa ser tratada con insulina desde el principio) o tipo 2 (diabetes que afecta habitualmente a adultos con sobrepeso y que se suele tratar con comprimidos) y del control que tenga el paciente de sus niveles de glucemia. El diabético ha de saber que el control de su diabetes es una especie de balanza: en uno de los platillos está el consumo de alimentos y, en el otro, el tratamiento y el ejercicio. Así pues, si desequilibramos la balanza aumentando un día la cantidad de alimentos que consumimos, debemos reequilibrarla aumentando el ejercicio y/o aumentando la dosis de insulina rápida si se está recibiendo este tratamiento (habitualmente utilizan insulina rápida los diabéticos tipo 1). El ejercicio ayuda a reducir el nivel de glucemia (azúcar en sangre), las cifras de presión arterial y los niveles de colesterol. La actividad física consume azúcar extra y ayuda a la insulina a trabajar mejor. Un paciente con diabetes tipo 1, con normopeso, en tratamiento con terapia con insulina intensiva (insulina basal y además insulina rápida en cada comida), si prevé un consumo de hidratos de carbono superior deberá aumentar la dosis de insulina rápida que pone en cada comida. En el caso de un paciente con diabetes mellitus tipo 2 en tratamiento con comprimidos no existe tanta flexibilidad, y hay que ceñirse de manera más rigurosa al contenido de alimentos de la dieta. En la diabetes mellitus tipo 2 con sobrepeso u obesidad, lo deseable es el cumplimiento de la dieta baja en calorías y de la actividad física prescrita en la rutina del día a día. Por el hecho de que durante una celebración ocasionalmente se coma un poco más no suele ser demasiado problemático y se puede compensar parcialmente aumentando la realización de ejercicio durante los días siguientes.

La dieta vegetariana consiste en realizar una alimentación fundamentalmente a base de alimentos de origen vegetal, evitando los alimentos de origen animal. Una variante es la dieta ovo-lacto vegetariana la cual permite además del consumo de vegetales el consumo de huevos y leche. La dieta vegetariana puede ofrecer algunas ventajas sobre la no vegetariana para los pacientes con diabetes dependiendo del tipo de dieta que se haya elegido y de los alimentos concretos que la compongan, siendo más completa la variante ovo-lacto vegetariana. Una dieta vegetariana estricta no contiene colesterol y es muy pobre en grasas saturadas, y además suele ser más baja en calorías que las dietas no vegetarianas. En este sentido, puede resultar beneficiosa para las personas con diabetes. Las dietas vegetarianas tienen en general una menor cantidad de calorías, por lo que son más adecuadas para perder peso. De esta manera mejoran también la diabetes tipo 2 en las personas con sobrepeso u obesidad, pero en la misma medida en que lo hace una dieta no vegetariana de las mismas calorías. Asimismo, por su composición, pueden reducir el riesgo de complicaciones asociadas con la diabetes, como las enfermedades cardiovasculares. El inconveniente que presentan las dietas vegetarianas estrictas (que no incluyen leche y huevos) es la deficiencia de proteínas (que contienen fundamentalmente la carne, pescado, huevos y leche) y de algunas vitaminas y minerales imprescindibles. Por este motivo, el paciente con diabetes deberá consultar con el médico o el farmacéutico antes de introducir cualquier modificación en sus hábitos dietéticos. Puede hacerse un tratamiento nutricional correcto de la diabetes sin recurrir a una dieta vegetariana adaptándose a estas normas básicas: o Hay que determinar el aporte calórico (cantidad total diaria de calorías que contienen los alimentos), que deberá restringirse si existe sobrepeso u obesidad. El porcentaje de calorías procedentes de los hidratos de carbono (azúcares y almidones: patatas, pan, arroz…) puede variar, pero se recomienda que represente el 45-65% del aporte calórico total, y limitar los de absorción rápida. Las grasas deben constituir un 25-35% del aporte calórico total, con predominio de las monoinsaturadas (aceite de oliva) y con un aporte de saturadas (grasas de origen animal) inferior al 7% del total calórico. o El consumo de colesterol ha de ser inferior a 300 mg/día. El aporte en forma de proteínas debe situarse alrededor del 15% del total calórico, aunque en los pacientes con problemas en el funcionamiento de los riñones debe limitarse su cantidad. o El aporte de alimentos ricos en fibra (frutas y verduras) ha de ser abundante

Todos los medicamentos pueden provocar efectos adversos, sobre todo si son mal utilizados. En general, los efectos adversos aparecen en pocas ocasiones y revisten escasa importancia, pero el diabético debe conocerlos para detectarlos y, si es posible, prevenirlos. El efecto adverso más importante es la hipoglucemia (azúcar en sangre demasiado bajo). Los fármacos que estimulan la producción de insulina (sulfonilureas, secretagogos de acción rápida y en menor medida los inhibidores de la DPP-4) pueden causarla si no se toman alimentos suficientes o si se hace un exceso de ejercicio. La metformina, pioglitazona, acarbosa y miglitol, por sus mecanismos de acción, no suelen producir hipoglucemia, salvo que se utilicen junto con alguno de los fármacos que estimulan la producción de insulina. Algunos antidiabéticos pueden ocasionar molestias gastrointestinales, sobre todo al comienzo del tratamiento, pero suelen desaparecer con el tiempo. El paciente que experimente molestias no debe dejar de tomar la medicación, y deberá consultar a su médico o farmacéutico. A continuación repasaremos los efectos secundarios más frecuentes de cada grupo de antidiabéticos: o Secretagogos de insulina (sulfonilureas, meglitinidas e inhibodores de la DPP-4): Su efecto adverso típico es la hipoglucemia. Los factores que favorecen la hipoglucemia son el saltarse alguna comida, el incremento de la actividad física habitual y, sobre todo en el caso de las sulfonilureas, la presencia de enfermedades que alteren el normal funcionamiento de los riñones o del hígado. o Metformina: El efecto secundario más habitual es la intolerancia intestinal (diarrea, náuseas y dolor abdominal). La aparición de intolerancia intestinal es menos frecuente si se inicia el tratamiento con una dosis baja y se sube lentamente hasta llegar a la dosis objetivo. Está contraindicada en pacientes con enfermedades que afectan al funcionamiento del riñón y del hígado, y también en los alcohólicos. o Pioglitazona: Puede producir retención de líquidos, por lo que está contraindicada en pacientes con enfermedades que alteren el funcionamiento del corazón (insuficiencia cardiaca). Este efecto se ve favorecido si se utilizan junto con la insulina, motivo por el cual esta combinación no es recomendable. También puede producir alteraciones en la calcificación de los huesos, pudiendo ocasionar osteoporosis (huesos poco calcificados), con un riesgo aumentado de desarrollo de fracturas. o Inhibidores de las alfaglucosidasas (acarbosa y miglitol). Pueden ocasionar molestias intestinales, como digestiones pesadas, hinchazon abdominal, náuseas o diarrea. Su aparición depende de la dosis utilizada.

Un elemento fundamental en el tratamiento del paciente con diabetes es la alimentación, la cual suele ser establecida desde el inicio de la enfermedad por la enfermera, dietista o por el propio médico. La alimentación de los diabéticos no tiene que ser especialmente restrictiva sino que simplemente se trata de que aprendan a comer de una manera sana y equilibrada como es lo recomendable para cualquier otra persona. Como norma general en una alimentación saludable se recomienda una disminución del consumo de grasas, sobre todo saturadas, azúcares refinados, y aumentar el consumo de fibra y agua. En caso de que haya sobrepeso también se debe reducir la cantidad total de alimentos a lo largo del día. Es conveniente procurar repartir los alimentos en al menos cuatro comidas al día ya que ello se asocia a una menor ganancia de peso y a mantener unos niveles de glucosa estables a lo largo de todo el día. El porcentaje de calorías procedentes de los azucares (hidratos de carbono) puede variar, pero se recomienda que se sitúe entre un 45-65% del aporte total diario. En cuanto a las grasas, deben constituir un 25-35% del aporte calórico, con predominio de las monoinsaturadas (aceite de oliva) y con un aporte de grasa saturadas (de origen animal: embutidos, mantequilla, leche entera, tocino…) inferior al 7% del total diario. El consumo de colesterol (yema de huevo, hígado, riñones o sesos) ha de ser inferior a 300 mg/día. El aporte proteico (carne, pescado, clara de huevo) tiene que situarse alrededor del 15% del total calórico, aunque en los pacientes con alteraciones en el funcionamiento de los riñones debe reducirse su cantidad. El aporte de fibra se situará entre los 20 y los 35 g/día, en forma de fruta, verdura y cereales integrales. Aunque cuando se inicia el tratamiento con medicamentos los niveles de glucosa (azúcar) en sangre se reducen, no se debería abandonar el cumplimiento de una alimentación sana, ya que eso obligaría entre otras cosas a aumentar la dosis de los medicamentos, y también se podría acompañar de un aumento en el peso y también de los niveles de colesterol en sangre, todo lo cual dificultaría poder conseguir los objetivos de control y por lo tanto aumentaría el riesgo del desarrollo de complicaciones a largo plazo. Es por ello que las recomendaciones dietéticas es un elemento del tratamiento de la diabetes desde su diagnóstico hasta las fases mas avanzadas de la enfermedad.

Esto es debido a varias causas: por una parte es conocido que cualquier enfermedad infecciosa capaz de provocar fiebre puede producir elevaciones de los niveles de glucosa a consecuencia de la aparición de resistencia transitoria a la acción de la insulina y también puede producir un estado de deshidratación si no se aumenta el consumo de líquidos. Los estados febriles también se suelen acompañar de pérdida de apetito con lo que la cantidad de alimentos que se ingieren durante las comidas puede ser menor. Por todo ello el control de la diabetes durante estos procesos es un poco mas complejo. También es conocido que la diabetes debilita el sistema inmunitario y hace al paciente más vulnerable a las infecciones. Los niveles elevados de azúcar en sangre alteran el funcionamiento de las células encargadas de defendernos contra las infecciones, al mismo tiempo que favorecen el sobrecrecimiento de algunos microrganismos, especialmente hongos. Los pacientes con diabetes mellitus tienen mayor riesgo de sufrir infecciones de tejidos blandos como la piel, sistema urinario, boca y vías respiratorias y presentan un mayor riesgo de complicaciones. Como consecuencia de todas estas circunstancias los pacientes con diabetes están incluidos dentro del grupo de riesgo de vacunación contra el virus de la gripe y el neumococo debido a la capacidad de ambos agentes infecciosos de producir enfermedades febriles potencialmente graves. Aprovechando la campaña de vacunación contra la gripe que suele realizarse durante los mese de octubre y noviembre también se suele administrar la vacuna contra el neumococo en aquellas personas con riesgo como son los diabéticos. La vacuna del neumococo se administra solamente a la población con riesgo y habitualmente en dos ocasiones, al inicio de aquella enfermedad que aumenta el riesgo, la diabetes en nuestro caso, y al cabo de cinco años se pone una segunda dosis. Por lo tanto animamos a todas las personas con diabetes a que acudan a sus centros de salud de referencia durante los próximos meses de octubre o noviembre para vacunarse contra la gripe y en aquellos diabéticos que no lo hayan hecho anteriormente también contra el neumococo.

La efectividad de los tratamientos para la diabetes se puede medir en función de los niveles de glucosa en sangre, pero la mejor manera de hacerlo es mediante la determinación de la hemoglobina glucosilada. La hemoglobina es una sustancia que hay en el interior de los glóbulos rojos cuya principal función es la de transportar oxigeno desde los pulmones a todo el organismo. La hemoglobina es una proteína con una peculiaridad que es la de unirse de forma irreversible a la glucosa de la sangre, siendo esta unión proporcional a la concentración de la glucosa. Dado que la vida media de los glóbulos rojos es de 120 días, la determinación de la hemoglobina glucosilada nos da información acerca de los niveles de glucosa en sangre de los últimos 2-3 meses. Se considera que un paciente con diabetes tiene un buen control glucémico cuando el valor de la hemoglobina glucosilada esta por debajo del 7% y la glucosa en sangre en ayunas tiene un valor entre 90 y 130 mg/dL. Pero en las personas con diabetes además de pretender conseguir un adecuado control de la glucosa en sangre deben intentar alcanzar un buen control de un conjunto de parámetros, cada uno de los cuales tiene una importancia capital para evaluar la buena evolución de la enfermedad. Hay que huir de la idea de que la diabetes es sólo un problema de glucosa: la diabetes es una enfermedad vascular en su conjunto, además de un trastorno metabólico. Por ello, situar cada uno de esos parámetros en valores lo más cercano posible a los normales es lo que garantiza evitar problemas a corto, medio y largo plazo. Los valores que deben alcanzarse pueden situarse en las siguientes cifras: o Hemoglobina glucosilada: <7%. o Glucosa en ayunas y antes de las comidas: 90-130 mg/dL. Glucosa 2 horas después de la comida sale: por debajo de 180 mg/dL. o Colesterol LDL (colesterol perjudicial): por debajo de 100 mg/dL. o Colesterol HDL (colesterol protector): por encima de 40 mg/dL. o Presión arterial: por debajo de130 mm/Hg la máxima y de 80 la mínima. Evidentemente, la dieta y el ejercicio son medidas terapéuticas esenciales para lograr estos objetivos. Si no se consiguen con estas medidas, habrá que acudir a los fármacos.

El paciente con diabetes debe saber acerca de los medicamentos que esta tomando: su nombre, para qué sirven (disminuir la glucosa en sangre, bajar la presión arterial, reducir el colesterol…), como actúan (aumentando la liberación de insulina por el páncreas, mejorando el aprovechamiento de la insulina, retrasando la absorción de la glucosa en el intestino…), como se toma (número de veces al día, horario, relación con las comidas…) y sus principales efectos perjudiciales (capacidad de bajar excesivamente la glucosa en sangre (hipoglucemias), aumento de peso, diarreas…). En caso de no disponer de toda esta información se le puede pedir al médico, al farmacéutico o a la enfermera, quienes estarán encantados en facilitarla. Para ello será necesario, en caso de no conocerlo, dar a conocer en que consiste la diabetes, el papel de la insulina y de la glucosa en el organismo, la influencia de la alimentación y del ejercicio; así como las posibles consecuencias del exceso de glucosa en sangre al cabo del tiempo. Una cuestión que en muchas ocasiones se plantea es la duración que debe tener el tratamiento, el cual en principio y de manera general, es indefinido. También es importante saber que en ningún caso debe hacer el propio paciente modificaciones en las dosis o las pautas, a menos que haya sido adiestrado para ello, como ocurre en algunos casos en que el paciente puede modificar la dosis del tratamiento en función de los valores de glucosa en sangre o del ejercicio que haya realizado o de lo que haya comido. Por lo tanto y en resumen las cosas que los pacientes deben conocer acerca de su tratamiento son: o Nombre del fármaco. o Efectos que produce. Posología. o Acción y duración del fármaco. o Necesidad de tomarlo o administrarlo antes, durante o después de las comidas, y el porqué. o En el caso de los hipoglucemiantes orales o la insulina, conocer sus efectos secundarios (por ejemplo, la hipoglucemia), reconocer los síntomas y saber su tratamiento y prevención. o Hacer partícipes de toda esa información a los familiares o amigos más cercanos, para que sepan cómo deben actuar ante una posible situación aguda. o Conviene ir identificado para que, en caso preciso, el tratamiento necesario no se retrase.

Existen diversas especies vegetales a las que se les atribuyen propiedades reductoras de la glucemia. La mayoría de las veces se trata sólo de usos tradicionales, pero en algunos casos se dispone de evidencia clínica que avala dicha acción. Así, la goma guar, el algarrobo y las vainas de judía disminuyen la absorción de los hidratos de carbono (azúcares), y las semillas de alholva estimulan la secreción de insulina por el páncreas. De todos modos, su acción no es tan potente como la de los medicamentos, y no deben constituir el tratamiento base de la diabetes y tampoco deben interferir en el cumplimiento del tratamiento prescrito por el médico, ni con la dieta y el ejercicio que todo diabético debe realizar. Además, su utilización ha de ser conocida y controlada por el médico o el farmacéutico. En medicina existe la máxima de que cualquier tratamiento para tratar o curar una enfermedad tiene que ser previamente testado y avalado y seguir unos protocolos específicos que lleven a su aprobación por parte de las autoridades sanitarias. Actualmente no se dan las condiciones que certifiquen la utilidad de unas determinadas plantas medicinales que pretenden mejorar o curar la diabetes. Al respecto cabe tener en cuenta dos consideraciones: – Muchas veces tras el inicio de una diabetes tipo1 o tipo 2 sigue existiendo una cierta reserva de insulina en el páncreas que continua actuando, sobre todo si se está realizando algún tratamiento (dieta más algún fármaco o incluso insulina); si en ese momento el paciente añade alguna planta medicinal al tratamiento, podría concebir la falsa esperanza de que la mejoría del cuadro se debe sólo a esa planta y poner toda su fe en ella, cuando eso no es así. – Los profesionales hemos sido testigos de casos de pacientes que, precisamente por lo que acabamos de exponer, han abandonado el tratamiento convencional y han iniciado un tratamiento con plantas medicinales, que supuestamente ha sido eficaz durante unos meses. Sin embargo, ello se debe no tanto a la eficacia de la planta en concreto como a la fase de «luna de miel», mejoría temporal, que se da a veces en las semanas o meses posteriores al comienzo de la diabetes. La segunda parte de la historia es que al abandonar el tratamiento farmacológico estos pacientes han ingresado con descompensaciones por grandes elevaciones de la glucosa (azúcar) en sangre que han puesto en peligro sus vidas. Resumiendo: la mejor «planta» medicinal sigue siendo una dieta equilibrada, ajustada a las necesidades de cada persona y controlada en su composición en azúcares, junto con la práctica de ejercicio físico de forma regular y el cumplimiento del tratamiento farmacológico indicado.

En la mayoría de los pacientes con diabetes para que sea más efectivo el tratamiento antidiabético oral o la insulina hay que respetar el horario de su administración. Por ejemplo, los antidiabéticos orales que estimulan la secreción de insulina por el páncreas o aquellos que retrasan la absorción de los hidratos de carbono (azúcares) deben tomarse siempre antes de las comidas principales. Los medicamentos que tienen una larga duración de acción, pueden tomarse una sola vez al día; en este caso, suele recomendarse la toma única por la mañana. El tratamiento con insulina no debe ni retrasarse ni adelantarse ya que ello puede conducir a la aparición de excesivas elevaciones o bajadas de la glucosa en la sangre. Por lo tanto es de vital importancia en el tratamiento de la diabetes hacer un estricto cumplimiento de los horarios en que se realizan las comidas, se practica ejercicio y se administran los medicamentos. Como ya hemos expuesto, el tratamiento de la diabetes se basa en la dieta, la actividad física y el tratamiento farmacológico, y para el éxito del tratamiento conviene la regularidad, por lo que no es recomendable cambiar la hora de tomar las comidas, hacer ejercicio, tomar las pastillas o administrar la insulina. En algunos de los diferentes grupos farmacológicos empleados para el tratamiento de la diabetes el momento de administrar el fármaco es un aspecto fundamental. Por ejemplo, en los medicamentos que estimulan la liberación de insulina por el páncreas, y en especial los de acción corta, como algunas sulfonilureas o la repaglinida , y en los inhibidores de las alfaglucosidasas, que actúan retrasando la absorción de los hidratos de carbono, la toma debe hacerse antes de las comidas, ya que en otro momento no ejercerán su acción terapéutica en condiciones óptimas y pueden producir efectos adversos (por ejemplo, hipoglucemias en el caso de los estimuladores de la secreción de insulina por el páncreas). En pacientes que sea preciso el uso de insulina rápida es de vital importancia que esta se administre coincidiendo con las comidas, ya que de otro modo se producirán hipoglucemias (bajadas excesivas de glucosa en sangre). En medicamentos que tengan una acción más largas quizás la hora no sea un aspecto tan crucial, pero es aconsejable establecer una rutina para favorecer el cumplimiento. En el caso de la insulina, el momento de la administración ha de ser acorde con el esquema de insulinoterapia y dieta diseñado para el paciente (por ejemplo, en terapia convencional con una dosis de insulina intermedia en el desayuno y otra en la cena, suele ser necesario un suplemento de hidratos de carbono a media mañana y otro antes de acostarse), y debe respetarse para evitar la aparición de grandes subidas o bajadas de la glucosa en sangre.

Algunas de las complicaciones que puede producir la diabetes son bien conocidas, sin embargo hay otras que por diferentes motivos lo son en menor medida a pesar del elevado número de personas que las padecen. Se ha estimado que un 55% de los hombres con diabetes entre 40 y 70 años sufren disfunción eréctil (impotencia) como consecuencia de múltiples factores como son problemas psicológicos, circulatorios, o relacionados con el tratamiento; aunque la causa mas frecuente es la afectación de los nervios periféricos por la llamada neuropatía diabética. La disfunción eréctil se caracteriza por la dificultad de conseguir una erección que permita mantener una relación sexual satisfactoria. En ocasiones la afectación es mas leve y se consigue la erección pero no se consigue llegar al orgasmo o a eyacular. Las mujeres con diabetes también pueden presentar problemas que afectan a la respuesta sexual como son una disminución del deseo sexual (libido) o sequedad vaginal. El factor psicológico parece ser el mas importante en los trastornos sexuales de la mujeres con diabetes, sin embargo en los hombres las causas orgánicas son el principal factor. Otra afectación que aumenta tanto hombres como mujeres son las infecciones urinarias debido a la eliminación de glucosa por la orina cuando la diabetes no esta bien controlada, lo cual es un factor que favorece el crecimiento y reproducción de microorganismos en la orina. La impotencia y el resto de problemas en la esfera sexual se pueden prevenir o retrasar mediante un buen control de la glucemia y del resto de factores de riesgo cardiovascular como son la hipertensión arterial y los niveles elevados de colesterol y triglicéridos. Además existen tratamientos que pueden mejorar las trastornos y la calidad de vida de aquellas personas que ya presentan problemas de la esfera sexual. Dentro de estos tratamientos podemos destacar los inhibidores de la fosfodiesterasa 5 (Viagra®, Levitra®, Cialis®), los cuales pueden mejorar total o parcialmente la erección durante muchos años y gracias a ellos ha mejorado de manera muy importante la calidad de vida de las personas con disfunción eréctil. En muchos casos también resultan de utilidad los mecanismos de vacío que aplicados sobre el pene consiguen producir una erección que dura varios minutos y que permite mantener una relación. En casos mas avanzados existen otros tratamientos mas agresivos como son la inyección de alprostadil (Caverject®) en el pene cuando se quiera mantener una relación sexual o la colocación de una prótesis dentro del pene que se hincharía por un mecanismo que viene incorporado cada vez que se quiera mantener una relación.

Una de las posibles complicaciones que pueden llegar a desarrollar los diabéticos es la afectación de los ojos, mas concretamente de la retina, por lo que se denomina retinopatía diabética. La diabetes es la principal causa de ceguera en los países desarrollados como consecuencia de la retinopatía. Se estima que el riesgo de los pacientes diabéticos de sufrir ceguera es 5 veces superior al de la población general. El riesgo de desarrollar retinopatía también depende de la cantidad de años de evolución de la diabetes, de manera que en el momento del diagnóstico de la diabetes, tan solo el 5% de los pacientes presentan retinopatía; a los 10 años, ese índice puede ser del 40-50%, y a los 20 años el porcentaje de pacientes diabéticos con retinopatía puede alcanzar el 90%. Sin embargo conviene saber que el riesgo de retinopatía se puede reducir en gran medida mediante el buen control de la enfermedad, de modo que si el control de la glucemia y de la presión es adecuado el riesgo de presentar afectación ocular es mucho menor. Además también conviene saber que si se diagnostica la retinopatía en fases iniciales puede ser tratada y el riesgo de llegar a perder la visión es mucho menor. Es por ello que se aconseja realizar revisiones oculares a todos los diabéticos tipo 2 desde el diagnóstico y a los tipo 1 a partir de los 5 años desde el diagnóstico. Estas revisiones deben incluir la exploración de la agudeza visual, la presión intraocular y el examen del fondo de ojo, para observar como esta la retina. El fondo de ojo se puede examinar de manera directa mediante un oftalmoscopio o también mediante la realización de una fotografía de la retina mediante un retinógrafo. La frecuencia de las revisiones oculares en personas con diabetes pero sin retinopatía debe realizarse con una periodicidad anual o bianual, mientras que en los que ya tienen retinopatía las revisiones deben ser mas frecuentes. Una vez que ya se ha desarrollado la retinopatía existen múltiples tratamientos que pueden evitar la progresión de la enfermedad como son la aplicación de rayos láser, la vitrectomía o la infiltración intraocular de medicamentos que detienen el crecimiento anormal de vasos sanguíneos en la retina. Por lo tanto es muy importante conseguir un buen control de la glucemia y de la presión arterial así como la realización de exploraciones oculares periódicas con el fin de reducir al máximo el riesgo de poder desarrollar una pérdida de la visión.

La diabetes tipo 2 por si misma ya supone un factor de riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular, pero es muy frecuente que los diabéticos también presenten otros factores de riesgo como son la hipertensión arterial y las alteraciones de los lípidos en sangre: colesterol y triglicéridos. Existen dos tipos de colesterol: el colesterol HDL que es protector frente a enfermedades circulatorias y que por lo tanto es beneficioso que se encuentre en valores elevados. Por otra parte esta el colesterol LDL que es perjudicial y cuanto mayor sea su nivel existe un mayor riesgo de sufrir enfermedades circulatorias a nivel de corazón, cerebro y arterias. Por último existe otro tipo de grasa en la sangre que son los triglicéridos los cuales también son perjudiciales. Por lo tanto cuando una persona con diabetes tiene niveles elevados de colesterol LDL y triglicéridos y niveles bajos de colesterol HDL se producen acúmulos de estas sustancias en el interior de las arterias por lo que se reduce su calibre y secundariamente la cantidad de sangre que fluye por su interior. Este proceso se denomina arteriosclerosis y es el principal factor en el origen de enfermedades como el infarto de corazón o cerebral. Es por ello que a todo paciente con diabetes se le determinan los niveles de colesterol y triglicéridos en las analíticas junto con la medición de los niveles de glucosa en sangre. En aquellos pacientes que presentan valores alterados estos se pueden corregir parcialmente realizando modificaciones en la alimentación y aumentando la cantidad de ejercicio que realizan. Los alimentos que se deben restringir son aquellos ricos en grasas saturadas como son los embutidos, tocino, lácteos y bollería industrial a la cual se le suelen añadir grasas saturadas en su elaboración. Por el contrario son beneficiosos las frutas, verduras, alimentos elaborados con cereales integrales, aceite de oliva y los frutos secos; sin embargo estos dos últimos alimentos se deben consumir con moderación debido a su gran contenido de calorías que predispone a aumentar de peso. En cuanto a la realización de ejercicio se recomienda practicar ejercicio de intensidad moderada (caminar deprisa) durante al menos 30 minutos todos los días. En aquellos casos en que con estas medidas no se consigue una reducción suficiente de los niveles de colesterol y triglicéridos se aconseja añadir la administración de medicamentos que ayudan a reducir sus niveles entre los que las estatinas son el grupo mas recomendado. En general se recomienda que los diabéticos tengan niveles de colesterol LDL por debajo de 100 mg/dl, niveles de colesterol HDL por encima de 45 mg/dl y niveles de triglicéridos inferiores a 150 mg/dl

Muchos pacientes con diabetes son además hipertensos. Esta asociación es mayor en los que tienen diabetes tipo 2 (del adulto), debido a que la mayor parte de ellos presentan lo que se ha dado en llamar «síndrome metabólico», el cual se caracteriza por la presencia de obesidad, elevación de la glucemia o diabetes, colesterol y triglicéridos alterados y también hipertensión arterial. Todas estas enfermedades comparten un mecanismo común que es una resistencia (falta de respuesta) a la acción de la insulina en diversos órganos y tejidos como son el hígado, músculo y grasa corporal. Es evidente, por tanto, que existe una interrelación directa y estrecha entre la diabetes y la hipertensión arterial: podríamos decir que la presencia de diabetes provoca un aumento de la presión arterial y la presencia de hipertensión arterial es un factor de riesgo de padecer diabetes. Según diversos estudios en España tres de cada cuatro diabéticos son también hipertensos y cerca del 50% de las complicaciones de la diabetes son responsabilidad directa de la hipertensión arterial. Esta es una asociación peligrosa ya que se suman los efectos negativos de la diabetes e hipertensión sobre ciertos órganos como son el corazón, cerebro, vasos sanguíneos, ojos y riñones. Es por ello que en los diabéticos es tan importante conseguir un buen control de la presión arterial como de la glucemia, ya que ha sido demostrado en diversos estudios que el buen control de ambos factores reduce de manera importante el riesgo de padecer complicaciones. En los diabéticos el objetivo de buen control de la presión arterial es más bajo que en la población no diabética. El objetivo es mantener la presión arterial por debajo de 130/ 80 mmHg. Para conseguir el buen control de la presión arterial es conveniente su medición de manera periódica, tomar las comidas con poca sal, realizar ejercicio periódicamente y en la mayor parte de los casos también será necesario tomar medicamentos encaminados a la reducción de la presión arterial.

En los últimos años se ha hablado mucho acerca de la posibilidad de desarrollar tratamientos encaminados a conseguir la curación de la diabetes y ello ha sido fomentado por los resultados iniciales de múltiples estudios en los que se utilizaban tratamientos experimentales tanto en animales de laboratorio como en humanos, pero de momento, la diabetes es una enfermedad crónica incurable. El tratamiento que había levantado mas expectativas fue el trasplante de islotes procedente de donantes que consiste el trasplante de grupos de células del páncreas productoras de insulina, sin embargo, después de unos resultados iniciales muy esperanzadores en los que los pacientes presentaban niveles normales de glucosa en sangre sin necesidad de otros tratamientos, se pudo observar como a medida que pasaban los años la mayor parte de ellos necesitaban administrar nuevamente insulina. Actualmente se sigue investigando en esta línea intentando solucionar los problemas detectados que produjeron la pérdida de funcionamiento progresiva que presentaban los islotes trasplantados. En esta misma línea también se esta trabajando con células madre que al ser implantadas en un paciente diabético darían lugar a nuevas células productoras de insulina, lo cual abre un futuro esperanzador. Un tratamiento que ha dado buenos resultados es el trasplante mixto de riñón y páncreas en pacientes con diabetes en los que además sus riñones han dejado de funcionar ya que ha demostrado su eficacia con una supervivencia del injerto a los 5 años del 65%. Sin embargo presenta el inconveniente de la necesidad de recibir el tratamiento con medicamentos que eviten el rechazo de los órganos durante toda la vida y estos medicamentos presentan efectos indeseables potencialmente graves. En esta misma línea se esta comenzando a utilizar el trasplante aislado de páncreas en pacientes en los que los riñones funcionan correctamente con buenos resultados. Todos los anteriores son tratamientos que se han utilizado fundamentalmente en diabéticos tipo 1. Existen menos experiencias sobre tratamientos curativos en diabéticos tipo 2, aunque últimamente han proliferado diversos estudios acerca del efecto de la cirugía encaminada a la pérdida de peso en diabéticos tipo 2 con un grado de obesidad elevado. Tras las intervenciones los pacientes experimentan una gran pérdida de peso y entre otras consecuencias se ha observado que alrededor de un 70% de ellos consiguen mantener posteriormente unos niveles de glucosa en sangre normales sin necesidad de tratamiento. No obstante se desconoce la evolución a largo plazo de estos pacientes. Por lo tanto podemos concluir que actualmente la diabetes es una enfermedad incurable, pero en los próximos años podremos asistir a nuevos tratamientos que se irán incorporando al arsenal actual y sobre los que se tienen puestas muchas esperanzas como son sobre todo la terapia genética y el uso de células madre.

La hipoglucemia es un descenso excesivo de glucosa en la sangre que se produce por una o más de las siguientes causas: un exceso de insulina o de medicación oral, una alimentación insuficiente o un ejercicio muy intenso. Se manifiesta con sensación de hambre, sudoración abundante, palpitaciones, temblor, debilidad, dificultad al hablar, confusión y pérdida de la conciencia. La hiperglucemia (glucosa en sangre demasiado elevada) puede ocasionar un desmayo cuando su valor es muy elevado (mayor de 500), sobre todo si además se acompaña de una cetosis, que consiste en un aumento de una sustancia tóxica en la sangre llamada cetona, lo cual es debido a una carencia de insulina muy intensa. Esto puede producirse por el abandono del tratamiento (insulina o fármacos orales) o también por la presencia de enfermedades que puedan elevar los valores de la glucosa y por lo tanto también las necesidades de insulina, como ocurre sobre todo en el caso de tener una infección. La cetona es tóxica para el organismo y se eliminan por la orina, a la que dan un olor característico. Cuando hay una hiperglucemia se intensifica la necesidad de orinar y de beber, con riesgo de deshidratación. En las situaciones graves, la sangre se acidifica, lo que puede conducir al coma y a la muerte. Los síntomas de la hipoglucemia difieren mucho de los de la hiperglucemia y raramente pueden confundirse con ellos. Además, para que se produzca una pérdida de conocimiento por una hiperglucemia, se han de alcanzar valores de glucemia muy elevados. Por lo tanto, en principio y salvo que se demuestre lo contrario, ante toda persona con diabetes y tratamiento (insulina y/o hipoglucemiantes orales) se debe sospechar una hipoglucemia. En las tablas 1 y 2 se resumen los síntomas de una y otra entidad. Ante la duda lo mejor es realizar una determinación del valor de la glucosa en sangre capilar (puncionando el dedo) con un glucómetro. En caso de que no se disponga de él lo mejor es tomar un azucarillo diluido en agua o zumo (como si fuese una hipoglucemia) y dirigirse al centro sanitario más próximo.

 

Síntomas de hipoglucemia

Síntomas de hiperglucemia

Yo no puedo tener diabetes, ya que nunca como dulces: El origen de la diabetes no está en la ingestión excesiva de dulces, sino en un mal funcionamiento del páncreas, que produce menos insulina, o en una falta de efecto de esta insulina. Diabético es el que se pone insulina, yo sólo tengo «un poco de azúcar» Una persona es diabética cuando sus valores de glucosa en sangre son superiores a 126 mg/dl en dos análisis consecutivos o cuando, en una curva de glucosa, ésta es superior a 200 mg/dl después de dos horas. De hecho, la mayoría de diabéticos se controlan con dieta y fármacos orales, y no necesitan tratamiento con insulina. Yo tengo la diabetes de tipo 2, «que es buena»; «la mala» es la de tipo 1 Los dos tipos de diabetes son «malos», porque pueden dar complicaciones cuando no se controla la enfermedad adecuadamente. La insulina me puede dejar ciego La insulina no es tóxica para el organismo. Sin embargo, la diabetes mal controlada produce diversas complicaciones, que pueden afectar también a la retina (retinopatía diabética) y causar ceguera. En ocasiones, para cuando se inicia el tratamiento con insulina, ya es demasiado tarde y la retina está dañada. No puedo comer pan, pasta, arroz ni patatas Toda persona con diabetes debe realizar una dieta variada y equilibrada. Únicamente se desaconsejan los azúcares de absorción rápida (bollería, azúcar de mesa…). El resto de hidratos de carbono (pan, arroz, pasta, patata, legumbres…) no están prohibidos, sino que constituyen parte importante de la comida. Su médico y enfermera le recomendarán la cantidad y distribución de estos alimentos. Sólo la insulina puede producir bajadas de azúcar peligrosas Un desajuste entre la dosis de insulina, la ingestión de alimentos y el ejercicio puede provocar bajadas de azúcar (hipoglucemias). Por ello, cuando se inicia un tratamiento con insulina, el paciente ha de ser entrenado para evitar y tratar las hipoglucemias. Sin embargo, el tratamiento de la diabetes con algunos tipos de pastillas (sulfonilureas y meglitinidas) también puede provocar bajadas de azúcar. Yo me encuentro bien, no necesito medicarme para la diabetes Desgraciadamente, la diabetes es una enfermedad engañosa: aunque la persona se encuentre bien, puede tener unos valores de glucosa en sangre elevados que estarán dañando muchos órganos, como son el corazón, los ojos, los riñones o los nervios. El tratamiento de la diabetes va encaminado a mejorar el control para prevenir la aparición de sus complicaciones. No hay que esperar a encontrarse mal para iniciar el tratamiento. Hice dieta unos meses y se me curó la diabetes La diabetes es una enfermedad crónica que requiere tratamiento de por vida. La dieta es el pilar fundamental del tratamiento de la diabetes, y muchas veces los valores de glucosa se normalizan por completo cuando el paciente ha seguido muy bien la dieta prescrita. Sin embargo, si el paciente abandona la dieta, aumentarán de nuevo los niveles de azúcar y la diabetes «reaparecerá».

Se puede afirmar que la diabetes, en general, no modifica el rendimiento escolar. No obstante, tanto la capacidad de concentración como la intensidad de la actividad física pueden estar disminuidas en las situaciones de hipoglucemia (azúcar en sangre demasiado bajo) y, en muchos casos, impedir dicha actividad. Por ello, para un niño diabético es importante que sus actividades diarias sean lo más regulares posible, tanto en intensidad como en horarios. La infancia es el momento adecuado para que un diabético aprenda las habilidades necesarias para el cuidado de su salud. La hiperglucemia (niveles de azúcar en sangre elevados), ya sea mantenida o incluso sólo temporal (durante algunas horas) puede tener algunos efectos sobre la capacidad física. Muchos niños manifiestan cansancio excesivo y/o calambres musculares, sobre todo en las piernas. También puede ocasionar «nerviosismo», aparte de la necesidad de orinar con más frecuencia. Estos síntomas no son generalizables a todos los pacientes, pues cada uno tiene un «umbral» y una sensibilidad distintos. Curiosamente, las personas acostumbradas a «vivir en hiperglucemia» pueden manifestar todas esas sensaciones cuando pasan de una situación de hiperglucemia mantenida a una normoglucemia (niveles de azúcar en sangre normales); es decir, toleran mal las cifras normales. Podría afirmarse que en estos casos el organismo se ha acostumbrado a la glucotoxicidad (niveles muy elevados de glucosa en sangre). Los síntomas y limitaciones son mas evidentes cuando hablamos de una hipoglucemia, dado que los niveles bajos de glucosa producen unas manifestaciones en el sistema nervioso central y sistema circulatorio del niño que forzosamente afectan al nivel de atención, a la actividad y a la concentración, y que no se solucionan hasta que el nivel de azúcar en sangre se ha recuperado, después de varios minutos ya sea por haber tratado la hipoglucemia o porque el organismo la haya resuelto por sí solo. Los niños, dependiendo de la edad y el nivel de conocimientos, pueden ser más o menos conscientes de estas limitaciones, por lo que en cuanto tengan la suficiente edad para entenderlo deben de saber reconocerlas e incluso de tratarlas. Debido a que los niños pasan una gran cantidad de tiempo en la escuela es necesario que el profesorado del niño reciba el entrenamiento básico acerca de sus necesidades, y al menos algún profesor debería disponer y saber utilizar un medidor de glucosa en sangre (glucómetro), insulina y glucagón (medicamento que sirve para tratar la hipoglucemia). Además todos los niños diabéticos deben tener fácil acceso en la escuela al glucómetro, insulina y alimentos. Una etapa especialmente delicada en el manejo de la diabetes es la adolescencia ya que en ella se produce una necesidad de independencia de los padres y un rechazo hacia la enfermedad pudiendo llevarlo a comportarse como si no fuera diabético, ignorando la dieta, realizando comidas irregulares, excesiva actividad física, abandonando los controles e incluso la administración de insulina, por lo que el personal sanitario, profesorado y familia deben facilitarles todo el apoyo y supervisión posible intentando que acepte una mayor responsabilidad en el cuidado de su diabetes.

El exceso continuado de glucosa (azúcar) en la sangre puede afectar a diversos órganos y tejidos. Aumenta la probabilidad de padecer problemas en dientes y encías: gingivitis, periodontitis, infecciones. La glucosa elevada en la sangre, la hipertensión arterial y la elevación en sangre de colesterol y triglicéridos pueden causar lesiones en los vasos sanguíneos grandes y pequeños y con ello alterar los ojos (retina), reduciendo la visión y conduciendo en ocasiones a la ceguera. Del mismo modo, pueden lesionarse las células y los vasos sanguíneos de los riñones, afectando a la capacidad de filtración y pudiendo producir, en algunos casos, mal funcionamiento del riñón. Es frecuente que en los diabéticos, tanto tipo 1 como tipo 2, el estómago tarde más de lo habitual en vaciarse. Pueden aparecer, por tanto, ardor de estómago, náuseas, regurgitación de alimentos no digeridos, una sensación temprana hinchazón en la barriga al comer y espasmos de la pared del estómago. Los diabéticos también tienen un aumento en el riesgo de padecer infartos del corazón, trombosis cerebral y lesiones en los pies debidos a la mala circulación y a la pérdida de la sensibilidad. Todas estas complicaciones son frecuentes sobre todo en aquellos diabéticos que tienen mal controlada durante varios años la glucemia, la tensión y el colesterol. Por el contrario en aquellos diabéticos que cumplen correctamente la dieta, hacen ejercicio a diario y toman todos sus medicamentos el riesgo de las complicaciones es mucho menor, ya que suelen tener bien controlada la enfermedad. Las complicaciones que produce la diabetes en el organismo son proporcionales a los niveles de glucosa del paciente y a los años de evolución. Se puede decir que la hiperglucemia (niveles elevados de azúcar en sangre) es un «tóxico»: por tanto, dependiendo del grado de «exposición» en cantidad y en tiempo a ese «tóxico», las manifestaciones serán menores o mayores. Aunque esta regla no es aplicable al 100% de los pacientes, sí lo es para la inmensa mayoría. Hay que señalar que la glucosa no es la única responsable de todas las complicaciones. La diabetes es una enfermedad que muchas veces también se acompaña de exceso de peso, hipertensión arterial y elevación del colesterol y los triglicéridos entre otras las complicaciones. Muchos estudios han demostrado que el perjuicio que producen la tensión arterial y valores de colesterol elevados es similar al que tiene la propia elevación de la glucosa. También hay que añadir que, en la medida en que la glucosa está elevada, esta a su vez puede elevar los valores de triglicéridos y perjudicar a la coagulación. Sin olvidar el importante papel que desempeñan el sobrepeso y la obesidad en las complicaciones, dado, además, que un 75% de los pacientes diabéticos tipo 2 presentan obesidad. En cuanto a las posibles complicaciones mas frecuentes que puede producir la diabetes simplemente mencionar sus nombres: a) Microangiopáticas: por afectación de los vasos sanguíneos pequeños – Retinopatía diabética: afectación de los ojos – Nefropatía diabética: afectación del riñón – Neuropatía diabética: afectación de los nervios b) Macroangiopáticas: por afectación de los grandes vasos sanguíneos – Cardiopatía isquémica: afectación del corazón – Enfermedad cerebrovascular: afectación del cerebro – Enfermedad vascular periférica: afectación de la circulación de las piernas

En la mayor parte de los diabéticos no hay ningún síntoma hasta que ya han transcurrido varios años desde su comienzo, sin embargo en algunos casos ya aparecen desde el inicio como es el caso de la diabetes tipo 1 (comienzo en infancia y adolescencia con necesidad de recibir tratamiento con insulina desde el principio). El retraso en el diagnóstico y de su tratamiento adecuado puede suponer un riesgo de aparición de complicaciones importantes. Entre los síntomas más habituales de diabetes y que pueden hacernos sospechar la enfermedad se encuentran: sed intensa, orinar con mucha frecuencia, hambre constante, cansancio o pérdida inexplicable de peso. Además de los síntomas ya señalados, para diagnosticar la diabetes se recurre a la determinación de la glucosa (azúcar) en la sangre. Hay varias situaciones que se utilizan como criterios para su diagnóstico: o Glucosa en sangre a cualquier hora mayor 200 mg/dl y presencia de síntomas de diabetes o Glucosa en sangre en ayunas igual o superior a 126 mg/dL en dos ocasiones o Glucosa en sangre igual o superior a 200 mg/dL dos horas después de haber bebido un preparado con 75 gramos de glucosa La Asociación Americana de Diabetes recomienda para poder realizar el diagnóstico de diabetes en aquellas personas que no tienen síntomas la medición de la glucosa en ayunas en todas la personas mayores de 45 años, y si el resultado es normal (glucosa menor de 100 mg/dl) se repetirá la medición cada 3 años. Sin embargo existen algunas personas que tienen un mayor riesgo de hacerse diabéticos y en ellos se recomienda realizar la medición de los niveles de glucosa cada año. Entre estas personas se encuentran aquellas con exceso de peso, antecedentes en la familia de otras personas con diabetes, mujeres que han padecido diabetes durante algún embarazo o que tuvieron hijos que al nacer pesaban más de 4kilogramos, haber tenido en alguna ocasión un valor de glucosa en sangre ligeramente elevado (entre 100 y 125 mg/dl), personas sedentarias que no realizan ningún ejercicio o personas que padezcan hipertensión arterial o elevación de los valores de colesterol o triglicéridos en sangre. Por lo tanto si usted tiene mas de 45 años y hace mas de 3 años que no realiza un análisis de sangre debería de acudir a su médico para comunicárselo, e igualmente si se encuentra en alguno de los grupos de personas que tienen un mayor riesgo de padecer diabetes y hace mas de un año que no realiza un análisis de sangre deberá acudir a su médico. Por último si tiene varios de los síntomas habituales de la diabetes deberá acudir en los próximos días para comunicárselo

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